“Oyeeeeeeeeee… ¡Tú no eres Juan Castro, mijito!”

juan-castro-estrella-del-beisbol-cubanoLa muerte de Juan Castro me obligó a recordar esta anécdota que data del mes de mayo de 1984.

Cursábamos la recta final del noveno grado y, como solíamos hacer, el equipo de béisbol de la Escuela Secundaria Básica Urbana “José Antonio Echeverría” se enfrentaba, amistosamente, a su similar de “Conrado Duany”.

Los tradicionales encuentros, que se concretaban cada 2 semanas, se convirtieron en punto de atracción de muchos estudiantes y profesores de ambos centros educativos. Nosotros, los de “Echeverría”, teníamos un buen equipo y sobre todo muy cohesionado; jugamos juntos desde 1981, año en que comenzamos el séptimo grado.

Los de “Duany”, a quiénes recuerdo con gran cariño, también tenían buenos jugadores; sin embargo, su punto álgido era la disciplina. Eran los clásicos “barcos”. Unas veces faltaban unos, en otras ocasiones se ausentaban otros… Lo realmente cierto es que nunca pudieron presentarse con una novena completa. Algo que nos favorecía en el terreno. Los abultados scores eran la muestra fehaciente de lo anterior.

Para la ocasión el profesor Roberto Ibáñez, manager de nuestro equipo, quiso experimentar en las posiciones. Por ejemplo, yo que usualmente jugaba la receptoría me ubicó en primera base; a Enrique Galván, que normalmente cubría la tercera posición, le correspondió ponerse los arreos de cátcher; y Lino Borrego, excelente camarero, fue a la antesala, porque Zajar Facundo, que siempre a los juegos pero no jugaba, había pedido un chance en segunda base.

Ese día, los de “Duany”, comenzaron ganando 3-0. Par de bases por bolas del zurdo José Carlos, algo inusual en él pues poseía un envidiable control, y tras un out, “Luisito el pollo” agarró una curva que quedó alta y la desapareció, literalmente la desapareció, por el jardín izquierdo.

¡Le pudo dar 5 veces la vuelta al cuadro! mientras buscaban aquella pobre pelota que había sufrido los embates de la fuerza con el aluminio de mi buen amigo de la infancia.

Nosotros, los de “Echeverría”, que éramos home club, comenzamos a descontar. Recuerdo un interminable cuarto inning en el que anotamos 11 veces. En la séptima entrada, con marcador de nocaut beisbolero, 18-3, todo estaba servido para la victoria.

Confiábamos en José Carlos, nuestro mejor pitcher, que se había recuperado de un desastroso inicio que provocó movimiento en nuestro bullpen. “No lo saque, profe”, fue el pedido nuestro al profe Ibáñez cuando lo visitó en el box.

Por suerte todo se compuso y, una vez más, la suerte nos sonrió.

La victoria por nocaut estaba cantada. Todo era cuestión de tiempo.

Cayó el primer out, fácil roletazo al box; luego el segundo, fly al jardín central a las manos de Roly Ruiz; y entonces sucedió la anécdota: Pedrito Arrozarena al bate e hizo swing… “Enriquito es tuya”, gritó Ibáñez desde el banco. Galván se levantó con agilidad, se quitó la careta, se puso la mascota a la cintura como para terminar “elegantemente” el partido y… Sucedió eso mismo que están pensado.

La pelota rebotó en la punta de su guante y cayó al suelo.

Risas. Rechiflas. No faltaron las frases burlonas de “alardoso”, “eso te pasa por hacerte el payaso”, “dale pá’l circo”… Y cuando todo se calmó, porque había que terminar el juego, se escuchó la voz del profe Ibáñez sentenciando la situación:

– Oyeeeeeeeeee… ¡Tú no eres Juan Castro, mijito!

Al concluir el juego, 18-3 a favor nuestro, Galván recibió un cariñoso regaño en la reunión que hacíamos, después de cada partido, para analizar qué habíamos hecho bien y qué no podíamos volver a hacer.

– Métete en la cabeza que Juan Castro es Juan Castro y tú eres Enrique Galván – aclaró cariñoso “el profe”.

Así nos caló Juanito. Tanto nos llegó su impronta que muchos, al menos defensivamente, quisimos ser como él.

Mucha luz y paz en su descanso eterno a quien inspiró a generaciones de beisbolistas cubanos.

Gracias, Juanito. Gracias eternamente.

Un comentario en ““Oyeeeeeeeeee… ¡Tú no eres Juan Castro, mijito!”

  1. Merecidos tus artículos Murió el grande. El que pedía en 3 y 2 bola contra el piso, el que fildeaba con elegancia irrepetible , incluso de espaldas. Algo que lo caracterizaba tambien era que pocas veces tiraba su careta. En muchos de los foul se le puede ver sosteniendola.a Castro nunca lo botaron de un terreno de pelota y pocas veces se vio en acciones violentas. Se fue el grande.

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