“Nelson Moreno de Ayala, Fidel Castro y los 5 pesos”

5pesos

Hoy, no me pregunten los motivos, amanecí recordando a Nelson Moreno de Ayala. Excelente locutor de la radio cubana, ya desaparecido físicamente, que, de alguna manera, tuvo vínculo con mi familia: Caridad, su esposa, también fallecida, es la abuela de Odalys y Humbertico Luberta Fernández, hijos de mi tío Puchy, hermano de mi viejo.

Moreno de Ayala, como era señalado en el ambiente mediático, poseía una excelente voz, exquisita dicción, vasta cultura… Y una suerte, por así decirlo, de mente viajera que le permitía responder, con sui géneris argumentos, sin mediar circunstancia o interlocutor.

Advierto, Moreno de Ayala, ni remotamente, faltaba al respeto. Al contrario, solo que sus frases, ocurrentes, sus salidas, excepcionales, eran expelidas sin remilgos o miramientos.

¡Imaginen que en cierta ocasión le ofrecieron un auto MOSKVITCH y dijo que no, que lo que necesitaba era un ventilador!

Obviamente, le otorgaron un ventilador. De esa forma, el beneficiado con el vehículo fue el realizador de sonido Enrique Bory, uno de mis maestros en lo que a operación de cabinas de transmisiones concierne.

Esta anécdota la escuché en la voz del querido, e inolvidable, Julio Domínguez, ex subdirector de la emisora CMBF Radio Musical Nacional. El esposo de “La Puchucha”, como solía referirse a su esposa Aracelys, se divertía narrándola, y, sobre todo, haciendo saber que nunca imaginó, ni nadie de los presentes, lo que Moreno de Ayala le “soltó” públicamente a Fidel Castro en el Palacio de las Convenciones (Ahora no recuerdo si fue en la Sala Universal de las FAR).

Resulta que estaban aguardando el comienzo de una actividad, a finales de la década de los ochentas, en uno de los 2 lugares referidos, esperando la llegada de, nada más y nada menos, que de Fidel Castro.

“En ese se abre la puerta de un elevador”, contaba Julio Domínguez, “y salió Fidel rodeado de escoltas. Cuando se percató de la presencia de Moreno de Ayala abrió los brazos y fue en su dirección. Al llegar junto a él se abrazaron efusivamente”.

Resulta que se conocían de la juventud, y, según Julio, comenzaron a recordar anécdotas. Fidel “se percató de la presencia nuestra y le pidió a Nelson que nos presentara. Al concluir le dijo, jocosamente, ‘Moreno, tú no le habrás contado a ellos de nuestras locuras”.

Y… ¡Trágame tierra!, expresaba mi excolega, “nunca pensamos que Nelson iba a decir ‘No, comandante, no le conté de nuestras diabluras, pero si les dije que usted, en el año 1948, me pidió 5 pesos para comprar papas rellenas y muchos años después no me los ha devuelto’”.

Dicen que la sonrisa que todos tenían en sus rostros desapareció de golpe, y que, poquito a poco, volvió a surgir cuando Fidel Alejandro rompió en carcajadas.

– Cuando cobre te pago, Nelson – fue su respuesta.

Cuando ya no estaba miradas inquisitivas se volvieron hacia el excelso locutor, maestro de varias generaciones de profesionales de la palabra.

– Díganme lo que quieran – dijo – Me pueden matar si quieren, pero no hice nada malo. ¡Ya saben que no es mentira! ¡El mismísimo Fidel Castro me debe 5 pesos y, lo más doloroso, tengo muy pocas posibilidades de recuperarlos!

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