“¿Qué me resta? ¡Agradecer!”

51“La verdadera gratitud es la cordial acción de dar gracias de corazón” 
Bahá’u’lláh

Han trascurrido 9 horas y 5 minutos desde que el 27 de junio de 2020 comenzó a ser parte de la historia universal. Lo que indica que si analizamos que llegué al mundo un día como el de ayer, de 1969, a las 01:00, ¡vaya madrugada que les tocó vivir a mis allegados!, ya pesan sobre mi estructura esquelética 51 años 8 horas y 5 minutos.

Jamás imaginé que en poco más de 5 décadas iba a ser partícipe, por ejemplo, de un fin de siglo, un fin de milenio y… ¡Festejar un cumpleaños en pandemia!

“¿Qué planes tienen para hoy?”, me preguntó la autora de mis días. “Ninguno, mima”, le respondí sonriente a mi amada septuagenaria, “estamos en cuarentena”.

Nada. Ya tengo 51 años, y, si bien es cierto que a pesar de la jovialidad que me caracteriza estoy un poco más añejo, mi capacidad de agradecer continúa siendo inmune al paso del crono.

Gracias, sinceramente gracias, por tantas muestras de cariño.

A Lichy, a esa persona que amaré hasta en mi existencia espiritual, por hacer de cada 27 de junio un día especial, aúnen aislamiento por la COVID-19.

A mis suegros por secundar a mi media naranja en todas sus locuras y, con amor incondicional, apoyar las mías.

A mi madre por soportar aún los dolores de parto; a Cuco, mi otro yo, por su tradicional “oyeeeeeeee, gordooooooo, felicidadesssssssss”; a Albi, mi niño de 16 años; a Aldi, mi niño de casi 20; a Osiris, para quiénes no la conocen es la suegra de mi hermano y a la que considero mi abuela (Ya les contaré su reacción al leer esto); a Dunia, mi hermana adoptiva; a mi hermana Aleida por eso de “Aldi, a partir de una edad los años no se cumplen, se acumulan”; a mis primos (“Piquica” Silvita, Magy, Odalys, Tato, Caquito, Marisela, Sandra) por hacerme saber que puedo contar con ellos.

A Boris, mi inseparable hermano de la infancia, que me sorprendió con un hermoso escrito; a Gilma y Loynaz, autores de la vida de Boris, por tanto amor, aún en la distancia; a Pepito Oliver por tener siempre presente que estamos estamos unidos por años; a Lissette Maza y Anita, también a su esposo Amado, por demostrarme que no existe olvido si los recuerdos están bien fomentados.

A Ahmed, “El Depre”, que, desde 1991 contagió a su hermosa familia  y no olvida cada 27 de junio.

A mis cuasi consanguíneos  compañeros de los “Camilitos” de Capdevila por estar siempre ahí. Olivia, Gil, Montero, Trujillo, “El 245”, Villalonga, Eblis… Y el resto de la pandilla.

A Rosa María, Sonia Valdés, Mazorra, Maricela Rodríguez, Carlos Figueroa, Álvaro de Álvarez, y a todo ese ese grupo de colegas, también presentes, que nos acompañamos “Haciendo Radio”.

A los que crecimos juntos mataperreando, entre estudios y obligaciones, en los predios de Ciudad Escolar Libertad.

A mis alumnos.

A Hurrem, que nada entiende, pero siento su apego en cada maullido.

A mis abuelos, a mi viejo, y a todas esas personas que me cuidan a pesar de la partida definitiva.

A Radio Progreso, “La onda de la alegría”, “Mi casita azul de infanta 105”, que me vio nacer, crecer, física y profesionalmente. “Se quema mi Círculo Infantil”, exclamé entre lágrimas cuando en el 2004 un incendio afectó parte de la planta baja de la emisora.

A Cuba por darme la vida, a Paraguay por considerarme un hijo más.

Gracias, repito, infinitas gracias.

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