“Contra, ‘Chivo’, mataste al guardia”

José Ciérvide “Pepe” o “El chivo”, el primero a la izquierda

Conocí a José Ciérvide, “Pepe” o “El chivo”, Era merecedor de este último apodo, precisamente, “porque se pasaba la vida chivando; le hacía una broma a cualquiera”, refería mi padre cuando quien fuera, en la década de los años 50 y 60, uno de los mejores grabadores musicales de América Latina, era tema de conversación en tertulia familiares.

Falleció repentinamente en 1972 de un ataque al corazón meses antes de nacer Alain, su más pequeño vástago. Era como un hermano para mis padres. Cariño entrañable que de ellos heredé hacia sus hijos Alain, que ya mencioné, Ernesto, mi compañero de castigos por las diabluras que ambos cometíamos, y “Pepito” o “El chivito”, otro buen exponente en eso de hacer reír y sacar de quicio al prójimo.

Falleció joven “Pepe” Ciérvide. Creo que contaba con 50 años. Su muerte, que aún se lamenta, enlutó no solo a su familia, sino a la Radio cubana. Tal era “El chivo” como bromista que, según cuentan, cuando la noticia de su deceso se conoció en Radio Progreso muchos pensaron de que se trataba de una de las suyas.

Conozco cientos de anécdotas ideadas y, por ende, protagonizadas por “El chivo”, pero hay una que de solo recordar me hace estallar en risas. Sucedió cuando la “Crisis de los Misiles”, en el mes de octubre de 1962. Como muchos recordarán en Cuba se vivieron momentos muy tensos. El mundo estuvo al borde de una tercera guerra mundial. Un conflicto entre John F. Kennedy, Fidel Castro y Nikita Jrushchov mantuvo en vilo no solo a la isla.

Pero sucede que hay personas, muchas personas, “Pepe” Ciérvide una de ellas, que mantienen su espíritu de guasa activo las 24 horas del día, “y por la noche también” como dijera un oficial en la Escuela Interarmas. Cuenta mi vieja que al “Chivo” se le ocurrió agarrar un envoltorio de 5 libras de café, llenarlo de agua, cerrarlo herméticamente y subir a la azotea de Radio Progreso, que en aquel entonces, octubre de 1962 insisto, ya estaba ubicada en la avenida Infanta número 105.

“Lo acompañó Medardo Montero y tenían como único objetivo hacer una broma. Desde la azotea dejaron aquel paquete de café lleno de agua, que, dicho sea de paso, era muy fuerte por eso pasó lo que pasó”.

¿Y qué pasó, Caridad Martínez?

“Muchacho, que cuando aquello cayó en Infanta reventó y sonó como un bombazo. Fue tanto el estruendo que el señor que estaba de guardia gritó ‘Ahhhhhhhhh’ y se desmayó. Se formó tremendo corre corre. Enseguida se llevaron al señor sin conocimiento para el hospital ‘Calixto García’. Dicen que cuando volvió en sí solo decía ‘el bombardeo… el bombardeo… el bombardeo’. Lo tuvieron que tranquilizar y hacerle entender que todo había sido una broma. Y creo que fue Penichet, técnico de la emisora, que sabía lo que iba a hacer pero no subió, cuando los vio bajar le dijo ‘Contra, ‘Chivo’, mataste al guardia’.

Una de las tantas anécdotas que recuerdo de “Pepe” Ciérvide. Mucho pienso en él, porque siempre, siempre, les deseo éxitos a “Pepito”, Ernesto y Alain, también mis hermanos.

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