“El gran susto… ¡Y en pleno sexo!”

sexoHoy recordé a un gran amigo. Uno de esos compañeros de trabajo, del que me reservo el nombre por razones obvias, que uno considera como hermano. Solo puedo decir que es un gran actor, profesión que le viene de cuna, joven pero no tanto. Lo es en edad, apenas supera los 40, pero su larga trayectoria artística lo hace poseer vasta experiencia en los medios de comunicación, radial y televisivo. Lo dirigí en varias oportunidades y, lo reconozco, lo reitero, fue un placer contar con su presencia en mis espacios.

Me cuenta que en su Oriente natal, tampoco específico la provincia, conoció a una muchacha, si mal no recuerdo en unos carnavales. “Hermosa, con mayúsculas”, refiere su comentario en cada ocasión que la anécdota era parte de nuestra amenas pláticas. “Linda, linda, pero linda de verdad”, reiteraba siempre en su descripción física.

Comenzaron a salir. Muy respetuosamente, según las intenciones de ambos, y hacían de cada circunstancia una verdadera cita de amor. “Si la calle Padre Pico hablara, mi hermano…”.

Entre fiestas, galanteos, y también cuitas de amor, recordando a Noel Estrada en su “En mi viejo San Juan”, transcurrieron unos meses. “Éramos muy jóvenes y a veces discutíamos pero me enamoré de verdad. No te puedo decir otra cosa”.

El chascarrillo que intento traer a colación, a ver sim la risa y el hipo me dejan al recordar, sucedió cuando… “Estábamos en pleno sexo. En pleno disfrute cuando noto que ella empieza a moverse más de la cuenta, ojos en blanco incluido. Enseguida pensé que le estaba provocando el éxtasis, el máximo disfrute, el que nunca había tenido en su vida. Ella en su movimiento y yo en el mío. Soy un bárbaro, el mejor, pensé y seguí. Las contorsiones aumentaron, y yo estaba orgulloso. De esta no me suelta; ningún hombre la había hecho sentir así. Pero comencé a darme cuenta que aquella situación no era normal. Le hablaba, le hablaba y no me respondía. Seguía convulsionando y, para colmo, echando espuma por la boca”.

Me cuenta que el susto fue grande, pero no pasó más allá. “Me río ahora pero en ese no supe qué iba a hacer. Además, y que te quede claro, no me río de ella, ni de la epilepsia, para nada, sino de lo que nos pasó, y en el momento en que nos pasó”. Cuando todo se tranquilizó, la muchacha le confesó que, aunque leve, padece de epilepsia. “¿Por qué no me lo dijiste?, le pregunté y me respondió que como casi nunca le sucedía nunca le dio importancia”.

Ellos, con el tiempo rompieron la relación, mantienen una estrecha relación de amistad, aunque la vida de ambos tomó rumbos diferentes. La chica, según me cuenta mi amigo, se mantiene viviendo en el Oriente del país con su esposo y 3 hijos. “Es economista”, me comentó en una ocasión allá en Cuba, “y por suerte, con un buen tratamiento, parece que el foco de epilepsia desapareció”. Él, por su parte, hace mucho vine en Ciudad de la Habana, donde, reitero, ha desarrollado una brillante carrera actoral. “Cada vez que visito a mis tíos la veo porque vive muy cerca de ellos. Y nos echamos a reír. Incluso su esposo, del que me he hecho amigo, también sabe la anécdota y la disfruta. ¿Qué otra nos queda? No olvidamos aquel gran susto en pleno sexo”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s