“Le hacen su cumpleaños pero sin torta”

Ycua1

Llegué a Paraguay con el objetivo de adentrarme en el caso del incendio Ycuá Bolaños, sucursal Jardín Botánico, y de esa manera hacer un documental. Cuando trabajé en Radio Ñandutí se me dio la posibilidad de realizar un material para ese medio; el documental visual, entiéndase pantalla chica o grande, aún es tarea pendiente. El auspicio, a pesar de los múltiples intentos, no aparece, y bueno… Espero algún día concretar mi sueño.

No obstante, y hoy recordé esta historia, de las tantas que hay concernientes a la mayor tragedia civil que reconocen los anales paraguayos, que hubo de contarme una compañera que trabajaba en la limpieza de canal 13.

Gran parte de las víctimas, mortales o no, son oriundas del barrio asunceno Trinidad, ciudad donde se ubica en local siniestrado. En esa pequeña urbe cualquiera tiene, en su familia o entre sus vecinos, un fallecido o alguien que aún sufre las secuelas.

Por ejemplo, el doctor Felipe Palacios, veterinario de profesión, además de haber perdido a sus hijas, él está inhabilitado para trabajar; las quemaduras, en gran parte de su cuerpo, independientemente que se han sucedido 16 años desde 1 de agosto de 2004, le imposibilitan estar expuesto a los rayos solares por la sensibilidad que su piel experimenta.

Esa señora, de la que no recuerdo el nombre, me preguntó en una ocasión si “yo soy el cubano que quiere hacer un documental sobre el Ycuá”. Le respondí que sí. Y me cuenta que ella tiene una amiga que su hija, de 20 y tantos años, falleció en la tragedia.

La chica, a pesar de su juventud, dejó huérfano a un niño, que cuando sucedió la tragedia, tenía apenas un lustro de vida, lo que en el momento de la plática con mi amiga de labores, debió haber tenido 9 años, viendo que el incendio sucedió en el 2004 y ella me puso al tanto de la anécdota en el 2008.

El niño nació el 2 de agosto de 1999, y desde el deceso de su progenitora permite que su familia le celebre su cumpleaños pero sin la clásica torta. “¿Por qué?”, pregunté extrañado sin darme cuenta de que la respuesta era obvia: “Cubano, no quiere torta en su fiesta porque su mamá murió porque fue a comprarle una”.

De veras se me hizo un nudo en la garganta. Enseguida pensé en ese niño huérfano y en la necesidad de que el caso tenga un final justo, aunque desde hace 16 años más de 400 almas partieron, sin retorno, a la existencia espiritual. Necesitan tener paz en el descanso eterno. Ellas necesitan justicia; los familiares, la ciudadanía,  lloran y la exigen.

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