“Rovira, ‘el profe’ que la COVID nos robó”

RoviraEn el ambiente familiar y profesional todos me conocen por Aldito. Es un diminutivo que, desde hace muchos años, acepté y que me va a acompañar hasta mi despedida de la existencia terrenal. Pero él, además, solía decirme “mi niño” y sobradas razones tenía para hacerlo.

En 1982, al comienzo de mi octavo grado, matriculo en el Círculo de Interés de Radio del Palacio de los Pioneros “Ernesto Guevara” en el parque Lenin. No olvido a Ramona Pico, directora del área, a la que nunca más volví a ver; y a los profesores, excelentes personas, que luego fueron mis compañeros de trabajo en los avatares radiales: Reinaldo Barrero (Grabación), Ubaldo Lluch (Realización de Efectos de Estudio), Gabriel Prieto (Musicalización) y Luis Fernando Rovira Martínez (Dirección de Programas) . Este último, específicamente, fue mi instructor, pues su especialidad resultó la escogida por mí.

Las clases fueron por un lapso de 9 meses y al concluir el período no continué yendo. Sin embargo, a esos ‘profes’ los saludaba, con la efusividad que me caracteriza, cada vez que visitaba mi querida Radio Progreso, mi sempiterna casita azul de Infanta 105.

Lluch, Gabriel, Barrero, Rovira … “Dime, mi niño, ¿cómo está la cosa?”; “Mi niño, no me aprietes tanto la mano, mira que ya estoy viejito”; “Mi niño, estoy fuera, ¿cómo están los Industriales?” … Así me decía Rovira, porque, según confesó un día entre cervezas y recuerdos, “te conocí niño y para mí lo sigues siendo. No puedo dejar de verte con tu uniforme de escuela en el estudio del Palacio de los Pioneros ”.

Amante de la historia de la música, investigador exquisito y detallista, era capaz de saciar la sed de conocimientos del curioso más acuciante. En lo particular fui seguidor de sus programas de los que mucho aprendí. Información valiosa en cada emisión, y si sucedía que algo me quedada en duda sencillamente lo llamaba por teléfono o lo interpelaba en alguno de los pasillos de nuestro centro de trabajo.

Rovira murió con apenas 72 años. Dejó de existir en tierras aztecas. México lo acogió como hijo pródigo y él supo corresponder a ese amor incondicional pues sus colegas de allá así lo expresan. La COVID-19 nos robó al ‘profe’ querido. A la excelente persona. Al egregio amante de la música.

Desde la noche de ayer, martes 4 de agosto, cuando se supo la noticia de su inesperado deceso, a muchos, oso decir, nos embarga un sentimiento de extrema tristeza. Rovira partió a la eternidad sin previa despedida. Nos deja su recuerdo, su impronta indeleble, y una gran congoja. Acá quedamos, rememorando historias, quienes compartimos con él el diario quehacer radial. Acá quedo yo con su imagen. Con su eterna sonrisa. Lo veo con los brazos abiertos aguardando un cálido estrechón a la par que me ruega “trátame suave, mi niño, mira que ya estoy viejito”.

Gracias por todo, ‘profe’, hasta otro momento.

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