“El inservible contra el resto del mundo”

La entrevista que concreté con mi colega Álvaro de Álvarez, desde Chile, a través de Instagram, para su ciclo de conversaciones en “Diáspora Radio”, la disfruté con creces. Mi hermano Alvarito, así suelo llamarle, me trasladó a mis inicios en los medios de comunicación en Cuba, y, por ende, a mi familia de cuna. Mamá, papá, mi hermano, mi esposa… Todos dedicados a la comunicación audiovisual. Rememoré momentos excelentes, personas inolvidables, espiritual y profesionalmente; y, también, instantes y personajillos que, contrario a mi deseo, son imposibles de olvidar.

“Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia”, expresó Guillermo de Baskerville a su joven novicio, en uno de los pasajes de “El nombre de la rosa”, recreada en 1327, de la autoría del escritor italiano Umberto Eco.

Retomo la frase, de uno de mis libros de cabecera, porque, y de nada, en la noche de ayer, contando ovejitas en busca del tan necesario sueño reparador, reflexioné, en silencio, sobre esas personas que lejos de sumarse a una causa, entiéndase en este caso laboral, constantemente intentan culpar al mundo de su constatada mediocridad, sin percatarse de que el mundo, sin excepción, recibe sarcásticamente los ataques demostrando, con hechos, la intelectualidad inservible del prójimo.

Cada error lo enmascara con frases despectivas hacia quienes lo rodea. Tras cada falencia, fustiga. Tras cada desatino, hostigan, tenazmente, algo muy lamentable, al que consideran el más débil del team work.

Procuran esconder sus errores debajo de una alfombra imaginaria. Pretenden engañar a sus colegas en el quehacer diario. De manera irreal convierten sus desatinos en pequeñas gotas de agua que caen, despacio, en una bolsa de plástico, como la clásica tortura china.

Las diminutas partículas del vital líquido, frase manida para definir el agua, sin apuro, van rebosando el recipiente. Lo hacen paulatinamente. Gradual. Escalonado. Tardo… Pero incesante. Persistente. Sucesivo… Hasta que la capacidad del receptáculo se ve superada y… ¡Explota! ¡Desborda! Y cuando sucede es irreversible, porque, tal y como se espera, la incapacidad del inservible se acuña con el clásico LQQD, tan empleado en las especialidades de ciencias, que sencillamente significa: LO QUE SE QUIERE DEMOSTRAR.

Alguien, muy sabiamente afirmó: “el mediocre critica, pero no se atreve; juzga, pero no es capaz; aspira pero envidia; señala pero es cobarde; es inútil, pero existe”.

Saludos con afecto para todos los inservibles del mundo.

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