“Métesela… Sácasela… Tócasela… Empújala”

Mi viejo era un furibundo amante del béisbol. Fanatismo que fue capaz de traspasarnos a Cuco y a mí. En sus años mozos, muuuuuuchas décadas atrás, incursionó, sin mucho éxito, en nuestro pasatiempo nacional. Siendo trabajador de CMQ integró el equipo de softball de esa reconocida, y desaparecida, emisora de radio, haciéndose cargo de la receptoría. En cierta ocasión el primer actor Carlos Paulín me dijo: “Pregúntale a tu padre qué pitcher le obligaba a usar una guantilla por debajo de la mascota”. “Paulín tiraba durísimo”, comentó Alberto Damián en una ocasión.

Alberto Damián Luberta Noy (1931-2017)

Repito, mi progenitor, en lo que a béisbol refiere, rabiaba por los Industriales y el team nacional cubano, pero, poseído de un ingenio magistral para convertir situaciones jocosas en circunstancias que no lo eran, ni el deporte de las bolas y los strikes escapó  a las “lubertadas”, a tal punto que su monólogo “La pelota”, sobre todo en el estilo único de Jorge Luis Herrera, “Herrerita”, aún es recordado por no pocos cubanos.

Frases como “Métesela por el centro, Vinent”, “Sácasela, Marquetti”, “Empújala, Casanova”, “Ulacia, tócasela como tú único sabes hacer”, “Esto se está poniendo malo, Rogelio tiene 2 bolas afuera”… Hilvanan el texto que, dicho sea de paso, hacia carcajear al más cimero de los amargados.

Pero resulta que, y tengo testigos, hice mi aporte a tan simpático monólogo.

En cierta ocasión, año 1987 o 1988, estábamos disfrutando, por televisión, papá y yo, un juego de la Serie Selectiva de Béisbol en el que se enfrentaban Ciudad de la Habana y Serranos, equipo representante de las provincias Santiago de Cuba y Guantánamo. En el estadio Latinoamericano de la capital no cabía un alma. Fanáticos de ambos equipos amenizaban la velada.

Ciudad de la Habana perdía 3-2 y, en la parte baja de la 7ma entrada, el llamado inning de la suerte, Javier Méndez abre con hit al jardín derecho, a pesar del esfuerzo de ese gran inicialista oriental de nombre Agustín Lescaille, dorsal #4, recordado no solo por su excelencia deportiva sino por su caballerosidad, dentro y fuera del terreno.

Hombre en primera, sin out, y correspondía el turno a Lázaro Vargas. Todos pensamos que, siguiendo el ABC beisbolero, el desaparecido Raúl Reyes, manager capitalino, iba a sacrificar a nuestro defensor de la tercera base, pero no. Lo mandó a batear, y… ¡Enhorabuena! Vargas conectó largo batazo entre los jardines central y derecho. La bola picó y fuera a dar a lo profundo del outfield.

Méndez llegó a segunda, a tercera y… “Pa’jón durísimo, Javier”, grité yo en la sala de mi casa. “Pa’jón durísimo”. Méndez llegó quieto a home. El partido se empató a 3 anotaciones por bando, y en medio de mi algarabía noto que mi viejo me está mirando con pícara sonrisa.

– Repite eso que dijiste.

– ¿Qué cosa? – pregunté sin comprender –. ¿Qué fue lo que dije?

– Eso de pa’jon, pa’jón…

– Ah, sí. ¡Pa’jón durísimo! Para que corriera rápido y llegara a home quieto y empatara el juego.

– Pa’jón durísimo – repitió el viejo en voz baja –. Pa’jón durísimo.

Se levantó de su asiento. Buscó una libretica que tenía donde anotaba cualquier cosa, y escribió algo.

– Ya tengo algo más que agregar al monólogo de Herrerita.

Y así fue que en el monólogo “La Pelota”, autoría de mi padre, el “Pa’jón durísimo” se unió a “Tócasela”… “Sácasela”… “Métesela”… “Mira cómo lo partieron”…

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