“¿Veterinaria?”

Con paso apresurado camina por la calle Tacuary en busca de una afamada clínica veterinaria. Entre sus brazos, envuelta en una mullida toalla, una gatita maúlla lastimera.

– Ya estamos llegando – susurra sin contener las lágrimas –. Todo va a estar bien.

Unos breve pasos y se detiene junto a un señor que barre la acera.

– Buenos días, amigo.

– Buenos días – responde el interlocutor interrumpiendo la tradicional acción mañanera –. ¿En qué le puedo ayudar?

– Mi gatita desde ayer no come – comenta el recién llegado –. No sé qué tiene. Creo que se me va a morir.

– Busca una clínica veterinaria.

– Exactamente. Me recomendaron una muy buena que hay sobre esta calle.

– Está a 2 cuadras. Siga derecho y la va a encontrar.

– Gracias, señor – comenta aliviado el dueño del felino –. Dios se lo pague.

– ¿Me acepta un consejo? No lleve a su gatita a ese lugar.

El recién llegado contempla perplejo al hombre que tiene enfrente. Aprieta, cariñosamente, contra su regazo a la gatita que no cesa de maullar.

– No entiendo…

– Conozco varios casos de personas que han llevado sus mascotas a ese lugar y no han resuelto absolutamente nada. Incluso, pasan los años y lamentan la muerte de su perrito o su gatito. Yo solo le comento. Muy cerca de aquí, sobre la calle Manduvirá, hay 2 clínicas veterinarias. Las atienden personas jóvenes pero responsables. Quisiera que me haga caso, pero no puedo decidir por usted. Insisto, no lleve a su gatita a la clínica Tacuary. Esa gente perdió la profesión por el dinero. Hágame caso.

Con gran incertidumbre besa a su gatita en la cabeza, agradece la sugerencia, y…

Final #1

…Continúa caminando. Al pasar frente a la clínica de marras, hace caso omiso al consejo del buen hombre, y entra. En efecto. Le informan que su gatita padece de piómetra y que la intervención quirúrgica es de urgencia. Pasadas 12 horas la llevan al quirófano, y 30 minutos después le informan que “la paciente falleció. Nada se pudo hacer”. Cuestionó duramente el hecho de la demora, de la espera por tantas horas para su operación. “Nada se pudo hacer”, fue la respuesta, reiterada hasta el cansancio, mezclada con el precio, el alto precio que tendría que pagar por la paupérrima atención.

Final #2

…Continúa caminando. Al pasar frente a la clínica de marras titubea. Quiere entrar para sanar a su mascota, pero las palabras del señor martillan en su mente. “Sobre la calle Manduvirá me dijo”, piensa y prosigue su andar. Un par de averiguaciones y enrumba hacia donde le indican. Una joven doctora le recibe sonriente. Tras palpar el vientre de la gatita no tiene dudas de la enfermedad que le aqueja. “Piómetra, señor, la tengo que operar de urgencia”. Transcurridos unos 45 minutos la feliz noticia. “Todo salió bien. La gatita está bien. Ahora está dormida. Mañana puede pasar a buscarla, porque hoy se queda hospitalizada. ¿Está bien?”.

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