“Usted ha comunicado con el departamento de contar novelas”

En el día de ayer, vía WhatsApp, tras un intercambio de mensajes con Néstor Camino Peraza, el hijo de Vivian y Jesús, hermano hasta el tétano y uno de los grandes protagonistas de nuestras locuras “progresistas”, cayó en el tapete de la plática el “Departamento de Contar Novelas”, ideado, nada más y menos, que por Alberto Luberta Martínez, “Cuco”, el más pequeño de los retoños del escritor de Alegrías de Sobremesa.

El Período Especial (Años 1991, 1992, 1993, 1994, 1995… Hasta la actualidad), de muy triste recordación, trajo a los cubanos una escasez de 360 grados (O sea, por donde quiera había escasez). Nos agobió la falta de alimentos, calzado, medicamentos, vestimenta, combustible… Y de esto último, fatídicamente, derivaron apagones de 16 y 20 horas; o alumbrones esporádicos de 4 y 8 horas, en el mejor de los casos.

Parte del Departamento de Contar Novelas: Alfredo, yo, Marlon, Guevara, Néstor y Cuco, sentado

Radio Progreso, La Onda de la Alegría, La Emisora de la Familia Cubana (O de La Familia Luberta Martínez, como la calificara mi padre) no estuvo exenta de la medida. Los cortes de energía eléctrica afectaban las grabaciones y las transmisiones de los gustados espacios que se emitían.

Imagínense a un ama de casa, aferrada a su radio receptor, metida de lleno en la trama de, por ejemplo, “Cuando la vida vuelve”, aquella novela, escrita por Joaquín Cuartas, y que, literalmente, detuvo a Cuba en esa época, y cuando más embullada estaba con los avatares de Beba Salabarría y Miranda Bermúdez… ¡Pum! El especial, y no el tren Habana-Santiago, hacía acto de presencia, provocando que los oyentes quedaran desconsolados ante la imposibilidad de concluir el capítulo.

Aquella producción, dirigida por Moraima Osa, que llegaba a cada hogar cubano entre las 10:45 y las 11:10, en el espacio “Tu novela de amor”, enloqueció al público, que, con la llegada de los cortes de energía, furibundos, se comunicaban telefónicamente con la emisora para saber qué iba a suceder con el capítulo de marras.

Eso por un lado; por otro, se daba un fenómeno que, a pesar del transcurso del tiempo, nadie me ha podido explicar: El servicio eléctrico se interrumpía en la emisora, se detenían las grabaciones, las transmisiones, y… ¡Como por arte de magia, o de la tecnología, las llamadas de los oyentes iban directo al departamento de Musicalización!

¡Nada más y nada menos que al punto de reunión de un grupo de veinteañeros realizadores aburridos por el cese, abrupto, de la jornada laboral!

De inicio ofrecíamos explicaciones. “Este no es el Departamento, vuelva a llamar”, “nosotros no sabemos qué va a suceder, señora”, “mire, vuelva a llamar para ver si se comunica con la persona adecuada”… Hasta que un día, a Cuco, mi hermanito más chiquito, se le ocurrió decir… “Buenos días, usted ha comunicado con el Departamento de Contar Novelas”.

Nos miramos todos extrañados. “¿Qué está diciendo el loco este?”, pensamos mientras observábamos atento a mi hermano, que, luchando por no explotar en carcajadas, continuaba el hilo de la ocurrencia.

“Sí, señora, es un servicio que Radio Progreso ha creado para que los oyentes llamen y nosotros, entonces, contar lo que sucede en el capítulo que se interrumpió al aire”.

Y entonces Cuco, como gran escritor que es, daba riendas sueltas a su fértil imaginación y narraba lo que primero le venía a mente. Pero, como todo se va perfeccionando, la idea de mi hermano también lo hizo.

Como el Departamento de Contar Novelas funcionaba, contrario a todo en el Período Especial, a las mil maravillas, con más exactitud que un Omega o un Rólex, decidimos que cada uno del grupo, después de la bienvenida que día a día daba Albertico al oyente que se comunicaba, interpretara un personaje diferente.

Había que vernos imitando voces femeninas. Reconozco que era muy divertido, ¡al extremo!, y, aunque no lo crean, Marlon Alarcón, ese enorme, en tamaño y profesión, locutor de la radio cubana se sumó varias veces a la broma; y, aunque no lo crean, los oyentes, o el oyente que se comunicaba con el Departamento de Contar Novelas, se quedaba escuchando hasta que le decíamos que el capítulo, el mismo que se interrumpió al aire, había concluido; y, aunque no lo crean, al otro día, sucedía el corte de energía, y no pocas personas repetían los servicios que tan desprendidamente ofrecía Radio Progreso.

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