“Frank, al que la inmadurez no lo dejó envejecer”

Así lo pregonaba, incluso a través de una de sus prendas de vestir.

No recuerdo exactamente cuándo fue la primera ocasión que intercambiamos palabras, pero sí tengo latente el momento que me contó, muy divertido, el motivo de la leve discapacidad que padecía en su pierna derecha, o creo que era en la derecha.

“Me caí de una guagua y las ruedas de atrás me pasaron por encima. Estoy vivo de milagro” y explotó en risa. Lo miré desconcertado con la duda si creer o no su narración. Poco tiempo después comprendí que Francisco Alberto Duquesne Suárez, “Frank”, “Frank El Cojo”, “o “Mogollón”, asumía así su vida. “Tengo que reírme hermanito, no me queda de otra”.

Fue de ese grupo de radialistas jóvenes que nos propusimos nuevos estilos de realización. Es, y ahora hablo en presente, miembro imprescindible de esa recua de alegres bisoños que, sin perder la perspectiva de la excelencia laboral, inundamos de sana alegría los pasillos de Radio Progreso contagiando, también, a los que ya contaban con una sólida carrera profesional.

Siempre estuvo Frank. Jamás faltó y nunca falló. Jamás nos faltó y nunca nos falló.

Ideas de trabajo, talleres de habilitación y capacitación, fiestas los fines de semanas, días y días vegetando en los campismos del litoral norte de La Habana… ¡Hasta un buen chapuzón, obligado, el 8 de marzo de 1997, en la casa donde Dunia Ruiz y Albertico Luberta festejaron su fiesta nupcial!

Siempre estuvo Frank. Sin protestar. Orgulloso de ser parte de nosotros. Sin lamentos por su imposibilidad de andar tan rápido como quería. Era como un duendecito, pequeño y alegre, dispuesto a echar una mano a quien lo necesitaba.

Siempre estuvo Frank, siempre lo estará.

Seguí en vilo su irreversible proceso. Pude conversar con él el 21 de octubre pasado. “Me siento regular, hermanito, pero voy tirando”. Fue la breve frase que escuché de él, escueta, cariñosa, pero, por la dificultad al hablar, comprendí que para nada estaba bien.

Le ofrecí disculpas por mi ausencia. Por no estar a su lado. Por la imposibilidad de ofrecerle, aunque sea, un vaso de agua que le paliara su necesidad de beber. Finalmente, le pedí que se cuidara porque, y lo sabía Frank, es muy importante para todos nosotros.

No me contestó. No podía hacerlo. “Es que se ahoga muy rápido”, me aclaró Manuel “El Chino”, señor que le cuidó hasta el último adiós.

El 1 de noviembre ya comienza a tener otro matiz. Se nos fue un hermano. Frank se nos esfumó, con apenas 48 años. Se nos escapó a la espiritualidad nuestro hermano de trabajo, de bromas, de largas conversaciones beisboleras, con el que no pocas veces compartimos un  mendrugo ácido de pan para paliar el hambre “y seguir echando pá’lante, hermanito”.

Murió, como le gustaba decir, el inmaduro que nunca envejeció.

El dolor es muy grande, indescriptible, y me atrevo a decir que sin su presencia la calle Infanta no será la misma.

Hermano, prometo recordarte con una sonrisa, no mereces otro homenaje, pero de momento, encarecidamente te pido, déjame llorar un poquito.

6 comentarios sobre ““Frank, al que la inmadurez no lo dejó envejecer”

  1. Ese duende,cabron, irresponsable inmaduro el Cojo de infanta 60, mi segunda casa por mucho tiempo es horrible que ya no este

  2. Me sorprendió la noticia…Me sacudió, fue alumno y me tocó “evaluarlo” en Radio Progreso y creo que era el único que no estaba nervioso. Desde que llegué ese día nada más que hacía jo….r…Jugué dominó en su casa y tomamos Ron (recuerdo que era del barato )…Es cierto que no maduró, pero prefiero recordarlo así.

  3. Aldo, mno he podido evitar llorar de nuevo a Frank. Así era y así lo recordaremos. Siempre que me tocaba grabar un teatro pedía a Frank Duquesne, estelar grabador y muchísimo mejor persona y amigo.
    Voy a recordar una anécdota: en nuestra cuadra las fiestas esperando el aniversario de los CDR siempre fueron fabulosas, ya que el 27 cumplía años Alberto Luberta Noy y Adelfa Calvo Moré, presidenta del CDR de la cuadra en ese momento. A la fiesta venían desde casi todos los integrantes de “Alegrías de Sobremesa” como todos los jóvenes que se habían incorporado a la emisora a trabajar. Y después de concluida una de esas fiestas, ya siendo la madrugada de 28 de septiembre, sobre las 5 de la mañana, Denys Loynaz llama a Albertico y le dice que en nuestra azotea había una persona acostada que podía ser alguien de la fiesta pero como podía ser alguien para robar el le avisaba. Enseguida tu hermano, y quizás tú también, subió a la azotea y el que estaba durmiendo era Frank Duquesne. ¿Te imaginas? Pero después todos nos preguntábamos como fue que Frank, con su problema de la pierna pudo subir a la azotea. Él mismo no podía decir cómo había subido. Ese era Frank. Al que todos recordaremos siempre.

  4. Dura perdida la de Frank
    no pude conocerlo en persona solo por redes un amigo virtual en los grupos de mesenger siempre se cambiaba el nombre se ponía El Inmaduro Epd amigo

  5. Fue increíble conocerlo, lo conocí a través de los grupos de Béisbol de Facebook, el Industrialista y yo con mi Villa Clara. En una de esas que fui a La Habana le hice la visita y ahí nos conocimos personalmente. Tremendo tipo.

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