“Tienen que reescribir la historia”

Los pobladores del lugar no dieron crédito a la noticia.

– Esto es una pesadilla – afirmaron sumidos en una gran tristeza.

Tantos años fuimos engañados – espetaron algunos derramando lágrimas de impotencia.

– ¿Qué haremos ahora? – preguntaron unos.

– ¿Qué historias vamos a hacer a nuestros niños? – cuestionaron unánimemente.

Todo sucedió de manera vertiginosa.

A tempranas horas se dio a conocer que “La Caperucita Roja”, “Blanca Nieves” y “La Cenicienta” habían sido detenidas traficando cocaína en un operativo tramado por la DEA.

– Y ya cuentan con un equipo de búsqueda submarina para detener a “La Sirenita” y a Sebastián que aunque están prófugos, fueron imputados por tráfico y tenencia de drogas.

– Sí, los noticieros están informando que ellos eran los encargados de transportar las cargas por el fondo del mar.

– Por eso Sebastián, ese cangrejo maldito, se la pasa cantando que bajo el mar todo es feliz.

– ¡Qué impotencia!

Varios de los citadinos pudieron ver la triste escena: esposadas y escoltadas por un fuerte dispositivo de seguridad, las inseparables amigas fueron conducidas hasta la comisaría policial más cercana. Ipso facto, los ciudadanos, organizados por “Pepe El leñador”, se movilizaron para proteger a la más longeva, acechada constantemente por un lobo feroz. Constataron que el príncipe comenzó a acelerar su trámite de divorcio, cuidando de no cometer bigamia, y, zapato de cristal en mano, prometió matrimonio a la joven que fuera capaz de calzarlo sin artimañas engañosas.

– ¡Triunfé! – exclamó victoriosa una avejentada y arrogante señora en la soledad de sus habitaciones ante la mirada burlona de un espejo con mágicas propiedades –. ¡Ya puedo exclamar con tranquilidad que soy la más bella entre las bellas!

Durante el día reinó el caos y la confusión.

Hasta caída la tarde se escucharon gritos de “embusteras”, de “que se vayan presas y cumplan”, de “se van a tener que buscar un buen abogado”, de “ya me extrañaba a mí los paseos en limusina”, de “sospeché de lavado de dinero porque esos comercios tan lujosos que figuran entre sus propiedades nunca tenían clientes”…

En horas de la noche, en lo más recóndito del bosque, 7 diminutas criaturas, alumbrados por la luz de una hoguera, rezumaban la murria que les consumía.

– ¿Y ahora? – preguntó uno abatido.

– ¡Estamos desamparados! – lamentó otro con la voz entrecortada.

– Yo siempre dudé de tanto lujo – acotó el regordete que tirado en la yerba miraba el firmamento –. La última vez les obsequió cadenas de oro a los ciervos. ¡Y notebooks de último modelo a los búhos!

– Y a las hormigas las invitó a cenar en el restaurante más caro del pueblo. A todas, que son millones – recordó, aún asombrado, el más pequeñín.

– Y les pagó clases de canto a las golondrinas, porque se le antojó que debían de hacer un coro con los ruiseñores. ¡Y ese canario que se las da de profesor, creo que se llama Carusso, cobra carísimo!

– Estamos perdidos – dijo el barrigón desesperado.

– No – exclamó resuelto quien hasta ese momento se había mantenido en silencio –. No estamos perdidos – y, decidido, se puso de pie ante la mirada inquisitiva de sus amigos –. Creo que tengo la solución. Mañana, a primera hora, voy a casa de los hermanos Grimm. Por culpa de ella todos van a empezar a hablar mal de nosotros también, por eso les voy a exigir que tienen que reescribir la historia.

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