“Hay un tipo en el techo de tu casa”

Con nuestro grupo de hermanos de Radio Progreso solíamos organizar fiestas en mi casa. Un poco lejos para algunas y algunos, pero, como en esos fetecunes se pasaba bien, no importaba ir hasta el reparto Santa Felicia en Marianao y desconectar un sábado, día elegido para nuestros encuentros bailables después de una ardua semana de trabajo.

No necesitamos mucho, realmente mucho no había tampoco, apenas algo para beber, casi siempre donación obligatoria de Rosalina o Pepe Gutiérrez o Esteban Perea; y alguito, paupérrima cantidad de comestibles, para entretener el aburrido sistema digestivo que en pleno poseíamos.

Eso sí, nunca faltaron ni la excelente música ni los buenos bailadores, ni, sobre todo, el deseo de divertirnos, ni, muchísimo menos, el “enchufa como la tía de Frank lo sorprendió en el baño”, giro en la rueda de casino que se repetía en varias ocasiones hasta bien entrada la madrugada.

– ¿Y cómo la tía de Frank lo sorprendió en el baño? – preguntó Marcelina Gabina Juana de la Caridad Martínez González, mi madre, que, como es característico en ella, le gusta vagar por la superficie lunar e inspeccionar cráter por cráter.

– Cary, dígale a “Mogollón” que le explique lo que le pasó con Claribel – contestó evasivo Néstor Camino, entregando la posta al protagonista de la anécdota.

– Madrina – acotó Francisco Alberto con picardía –. El problema es que…

Apenas comenzó lo interrumpió el grito de “Cacha” escandalizada ante la explosión en carcajadas del escritor de “Alegrías de Sobremesa”.

– ¡Cállate la boca, por lo que más quieras!

– ¿Viste lo que provocaste? – reclamó “El cojo” a Camino.

– ¿Yo? ¿Por qué yo? Si el que le hiciste el cuento fuiste tú.

Sucedía que, como ya aclaré, muchas y muchos vivían lejos de nuestro hogar, y, como es consabido, en Cuba los problemas de transporte en el Período Especial se redujo a la opción 0, por lo que la preocupación para quienes asistían a los guateques en la calidez del hogar de los Luberta Martínez era el retorno.

– Quédense a dormir – propuso mi viejo en una ocasión, y la sugerencia fue tomada al pie de la letra.

Entonces, haciendo realidad  la afamada interpretación del Gran Combo de Puerto Rico, “No hay cama pá tanta gente” en la voz de Charlie Aponte, al terminar el ágape, el piquete de guerrilleros comenzaba a disputarse un espacio en el suelo de mi casa, después de la rifa de quienes pernoctarían en el añejo sofá de mi abuela que, por su tamaño, hasta 3 fiesteros permitía si se apretaban unos a otros.

Le cuento que, ¡a veces eran tantos que ni el suelo alcanzaba!

La propuesta no era muy cómoda que digamos pero al menos más segura que permanecer de madrugada esperando un ómnibus, expuestos a ser blanco de delincuentes. Además, eso sí, al amanecer, antes de tomar las de Villadiego, podían disfrutar, al menos de una tacita de café que gustosa ofrecía mi vieja.

Esto que voy a contar sucedió después de una fiesta en mi casa. Mi madre asegura que en un cumpleaños de mi papá, yo creo que no, que fue en una de las tantas celebraciones con el solo motivo de estrechar lazos de hermandad, pero de que sucedió, sucedió.

La música terminó aproximadamente a las 04:00, y ya estábamos todos acomodados, la casa rebosante de dormilones de una punta a la otra, cuando suena el teléfono.

– Oigo – contesta mi hermano soñoliento.

– Cuco, soy yo.

Era Denis Loynaz, hermano nuestro de la niñez, que vivía casi frente a nuestra casa. Aclaro que escribí vivía porque hace una década, aproximadamente, se mudó del barrio y ahora reside un poco más al norte, a 90 millas de la tierra que nos vio crecer.

– Cuco, es que de aquí veo que hay un tipo en el techo de tu casa. No sé quién será. Puede ser alguien que estuvo con nosotros en la fiesta, o alguien que pueda tener intenciones de robar. Averigua. Por eso te llamo.

– Voy a ver.

Al terminar la comunicación se pudo comprobar que en la azotea de casa, a la luz de la luna, embadurnado por el rocío nocturno cual florecita silvestre, “panza para arriba contando estrellitas” como expresa “Chamamé a Cuba”, estaba Francisco Alberto Duquesne Suárez porque, y cito textual, “allá abajo hay mucha gente y acá tengo el techo para mí solo”.

Nos reímos de la ocurrencia ante la mirada seria de mi madre.

– ¿Y cómo ese muchacho, pobrecito, con esa pierna como la tiene pudo subirse al techo?

– Frank es cojo no paralítico, Caridad – respondió Alberto Damián –. ¡No lo lleves tan recio!

2 comentarios sobre ““Hay un tipo en el techo de tu casa”

  1. Muy entretenida está historia y sobretodo graciosa como siempre las anécdotas con Frank y tan bien descritas, gracias!!!

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