“Mi hermanito, ‘Bulense’ falleció”

La noticia fue dada así, a bocajarro. Tenía que cierta. Frank se había tomado el trabajo de subir hasta el estudio 7, en el tercer piso de Radio Progreso, para ponerme al tanto del deceso de nuestro gran amigo percusionista y cantante.

– No puede ser – le dije compungido –. Hace 2 días que estuvimos conversando en el portal de la emisora.

– Llegó a su casa y le dio un infarto masivo.

– Caramba, hermanito, no me digas eso. ‘Bulense’ me había dicho que estaba medio complicado con la diabetes, pero se veía.

– Lo sepultaron ayer a las 11:00.

– ¡Ni despedirlo pudimos! – lamenté con sinceridad.

Repito. La noticia tenía que ser cierta. Francisco Alberto Duquesne Suárez fungía, además, como un estricto obituario que informaba sobre los decesos de los más allegados o no tan allegados, el motivo de la muerte, la hora de inhumación o exhumación, según el caso, y la necrópolis, con la ubicación exacta del panteón donde la persona que había abandonado, para siempre, el mundo terrenal iba a disfrutar la eternidad del descanso.

– Muy mala noticia, hermanito – agregó quedo “Mogollón”.

Además, Frank controlaba hasta quien, o quienes, estaban hospitalizados, el motivo de la internación, dónde se encontraba, los horarios de visita, y qué debían de comer.

– Le llevo a Rosillo 3 mandarinas, 4 naranjas y 10 limones. Dicen que es bueno para los que sufren de infarto – me dijo semanas después de que la voz de “Alegrías de Sobremesa” sufriera un incidente cardiovascular.

A pesar de que estaba convencido de la muerte de ‘Bulense’ me costaba creer que nunca más nos saludáramos tan efusivamente, como siempre lo hacíamos donde quiera que nos encontrásemos; que nunca más me gritara, de acera a acera, con su voz característica, “Chamacooo, ven acá para darte un abrazo que tú eres como mi hijo”; que nunca más volviera a disfrutar de sus interpretaciones, tanto vocales como rítmicas.

– Tengo que decírselo al viejo. Sé que le va a doler. Son hermanos desde hace muchos años – concluí.

Y con la tristeza por la muerte de ‘Bulense’ me fui a mi casa, en la Habana Vieja.

– Recuérdame que tengo que llamar a mi papá – rogué a mi esposa mientras escribía un capítulo de “Estrellas y Antorchas”.

– Llámalo ahora. Eso que estás escribiendo puede esperar 5 minutos.

Estaba tan inmerso en la trama de mi nueva serie que pospuse la comunicación con Alberto Damián con el objetivo de ponerlo al tanto de las últimas malas noticias.

No obstante… ¡Por suerte no lo llamé!

El fin de semana siguiente, Lychy y yo, recibimos la visita de un matrimonio amigo, Lorena y el Guille.

– Acompáñame, hermano, vamos a buscar algo de comer y beber.

Y salí con nuestro invitado a recorrer las angostas calles de la Habana Vieja a la caza de algo que nos ayudara a amenizar la conversa.

– ¡Chamacoooooooooo!

Escuché el grito y juro que me quedé petrificado a punto de que mis formidables esfínteres cedieran ante tan fantasmagórica situación.

– ¡Ven acá, chamaco, que te quiero dar un abrazo!

Era el mismísimo ‘Bulense’ que, al verme pasar con Guillermo, salió disparado de un pasillo para saludarme como siempre. Lo tenía delante de mí, con los brazos abiertos aguardando el apretón.

– Mira, que no creo en aparecidos, ni mucho menos – pensé.

Y el instinto me obligó a mirarle a los pies, por el aquello de que los fantasmas no tienen piernas por eso levitan, y, sí, ‘Bulense’ tenía puestos zapatos. Tras la primera comprobación de que se trataba de una persona de carne y hueso se dio el abrazo. Le presenté al Guille, y le di la dirección de mi casa por si quería ir a compartir un rato con nosotros.

– Mi chama, gracias, pero estoy esperando a un amigo para irnos a un toque a Shangó.

Le conté lo que me dijo Frank sobre su fallecimiento.

– Ese me quiere también. Es bueno que me haya matado, porque aleja el Osogbo y me da Iré. Ashé pá ti, pa tu amigo y pá Frank, que es como mi hijo también.

Camino a casa puse a Guillermo al tanto de todo, y al llegar lo primero que hice fue llamar a Francisco Alberto.

– Ah, ¿pero está vivo? – preguntó sonriente.

– ¿De dónde tú sacaste que ‘Bulense’ murió?

– Me lo dijo un tipo que fue su vecino.

– Hermanito, tienes que afinar el radar porque al paso que vas matas a alguien del corazón. Por suerte me lo encontré a la luz del día, porque si llega a ser de noche mi incontinencia intestinal iba a ser tal que para enterrarme tendrían que esperar a concluir la evacuación.

Tras mi salida de Cuba, el 6 de marzo de 2006, nunca más tuve noticias de ‘Bulense’. Espero que a pesar del tiempo se encuentre bien, y que continúe cantando con su timbre tan personal, tocando magistralmente la tumbadora, y orgulloso de los que siempre le profesamos una sincera e incondicional hermandad.

A Frank lo perdoné a pesar de que estuve a punto de fallecer de un infarto masivo del miocardio por su FAKE NEWS. Hoy recuerdo la divertida anécdota el indefectiblemente abrazo el cielo.

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