“Hasta que nos volvamos a encontrar, Augusto”

Es una de las primeras personas con las que crucé palabras a mi llegada a Paraguay. Siempre respetuoso y cordial, pero, al mismo tiempo, ameno y alegre. “Quiero entender el béisbol”, fue siempre su reclamo. “Tenemos que sentarnos a conversar para que me expliques ese deporte del que algo entiendo, pero muy poco”.

Duele saber que la conversación quedó trunca. El profesor Sinforiano Augusto Roa Villalba, mi amigo personal, amigos de todos, me atrevo a decir, cedió en su enfrentamiento contra la COVID-19 y nos abandonó físicamente.

Lamentable noticia, no solo para sus familiares, allegados, amigos cercanos, colegas de labor. Su muerte se trastoca en un duro golpe para el sistema educativo paraguayo, específicamente, la que atañe al nivel superior. Partió a la eternidad un docente culto como pocos y entregado a su profesión de manera brillante.

Con Augusto guardo no pocos recuerdos de nuestras horas de constructivas charlas. No obstante, atesoro una anécdota que, en su memoria, quiero compartir.

Siempre escuché que al nombrarlo le decían “profe Augusto esto” o “profe Augusto lo otro”, por eso asumí que, con gran privilegio, había sido bautizado como el más universal de los nacidos en estas tierras, y, por demás, su apellido coincidía: Augusto Roa.

Me encontraba en la escritura incipiente de mi novela policíaca “Por mano propia”, donde recreo el caso de Felicita Estigarribia, y quería, para uno de los personajes, una combinación de nombres sui géneris, en pocas palabras, que apenas existiese, o, en su grado más reducido, que no existiese; aunque esa última posibilidad, lo aseguro, era muy poco probable. Entonces se me ocurre SINFORIANO AUGUSTO. Me gustó y así está en la novela.

Lancé el libro y comenzaron las presentaciones en diversos puntos y lugares del país. Entonces, en mayo de 2016, me invitan a dar a conocer mi obra en el auditorio de la Universidad Americana, donde, junto a otros distinguidos colegas, Augusto incluido, ejercía la función de docente.

Fue una noche inolvidable. En el salón, rebosante de personas, distinguí, muy rápidamente, al profe Roa. Mi disertación fue lo más breve posible, así me lo habían solicitado, para dar paso a la clásica ronda de preguntas. Entonces, una alumna quiso saber si los personajes eran reales o ficticios. Le respondí que, si bien la trama era basada en hechos verídicos, los nombres de quienes dan vida a la historia eran producto de mi imaginación y puse como ejemplo la génesis del personaje Sinforiano Augusto.

Dada la respuesta, veo que mi colega levanta la mano y me dice: “Profe, así me llamo yo”.

La risa fue general, incluida la de Roa.

Al concluir me le acerqué y le juré por lo más grande que no sabía que esa era su gracia. “Usted es una de las personas más nobles que he conocido, y el Sinforiano de la novela nada tiene que ver con su personalidad”, me excusé. “No hay problema, hermano”. Y me dio un abrazo.

La anécdota queda, como otros tantos recuerdos. La anécdota queda, como una muestra de la alegría que le caracterizó al profesor Augusto. La anécdota queda, aunque la tristeza impera.

Sí, porque hoy es un día triste.

El ‘profe’ se aferró a la vida, pero, tras varios días de duro bregar, la COVID-19 se salió con las suyas.

Hoy es un día triste. Por supuesto, un día extremadamente triste.

Hasta que nos volvamos a encontrar, Augusto, aguardábamos, confiábamos en tu regreso, pero fue imposible, hermano, te nos adelantaste a la eternidad.

9 comentarios sobre ““Hasta que nos volvamos a encontrar, Augusto”

  1. Gracias por estas bellas palabras en recuerdo de una gran persona como el el profe Augusto. Que la luz eterna brille siempre para él.

  2. Me reviviste los tiempos de juventud que compartí con el querido Augusto. Me consuela saber que fue una gran persona, nunca buscó ser más de lo que era, pero siempre mantuvo una personalidad centrada, afable, noble y de gran corazón. Lo extrañaré

  3. Mis sentidas condolencias para los familiares de colega, amigo y camarada naval Prof. Sinforiano Augusto Roa.
    Si bien hemos servido en diferentes épocas en la Armada Paraguaya, nos unía las anécdotas vividas en la vida cuartelera; él en la Escuela de Especialidades y yo en Infantería de Marina.
    Como colega, hemos compartidos horas y horas en sala de tutorías y entre cada alumno, aprovechábamos para conversar.
    Que en paz descanses mi estimado profesor.
    Te recordaré siempre.

  4. Brille para el Profesor Augusto Roa La Luz eterna, mi querido profesor descanse en Paz. Muchas gracias por sus enseñanzas y educación. Lo recordaremos eternamente. Cristiana resignación a la familia del profesor Augusto Roa. Tus Alumnos de la UA.

    1. Un gran docente.. Siempre actualizándose… Creativo y dedicado. Lamentamos tu partida profe Augusto. Que descanses en paz.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s