“Hola, ¿es la ESPN?”

Entre asustado y sorprendido tecleó su objeto de búsqueda en el buscador de GOOGLE, y, pasado escasos segundos, pudo leer: “Primer campeonato local de béisbol en la Luna entre los días 20 de enero de y 19 de febrero de 1805”.

– Eso se dice y no se cree – pensó más calmo –. La Wikipedia debe de ter más datos – afirmó resuelto, acompañando su silenciosa expresión con un click en el sitio web de la tan afamada Enciclopedia Libre.

“El magno evento deportivo contó con el apoyo de autoridades selenitas y con la entusiasta representación de 18 cráteres del satélite natural, que al tener luz propia ahorró la iluminación artificial en los estadios. Según notas extraídas del diario ‘Aristarco el bello”, uno de los más importantes de la época, solo un partido se suspendió por coincidir con un impresionante eclipse que sumió en una total oscuridad los 3.476 kilómetros que abarca el diámetro ecuatorial de la luna. La decisión de posponer el encuentro fue aceptada por la población que había sido concienciada en la importancia de la frugalidad en el diario quehacer para enfrentar las crisis económicas que pudieran surgir. En el juego final el equipo Sinódico venció al Draconítico con cerrado marcador de 5 anotaciones 4…”

– Al caer el último out los simpatizantes del equipo vencedor se lanzaron al terreno y se llevaron en andas a Abulfeda, ídolo de multitudes, el verdadero héroe de la jornada final, y después…

No pudo continuar.

– Abulfeda, gran deportista selenita – repitió.

Y como buen curioso colocó el mouse encima del nombre.

– ¡Qué bien! – dijo abriendo desmesuradamente los ojos –. No solo existió, sino que se destacó en los deportes y en las artes.

“Abulfeda –, cráter Abbot, 27 de junio de 1780 – cráter Abetti, 18 de diciembre de 1859 –, fue un brillante deportista y artista selenita, su demostrado talento es recordado por sus vecinos y conciudadanos. Con excelentes resultados practicó béisbol, fútbol, boxeo, levantamiento de pesas y kárate; además, impulsó las artes en el territorio lunar, fomentando la música, las letras y las artes plásticas. Fue director de la popular agrupación bailable ‘Mueve la cintura con sabrosura’ con la que hizo divertir, aún en las noches de eclipse, a miles de sus conterráneos. Entre sus más populares composiciones musicales están ‘Mamita del alma, me tienes loco’, ‘Mi gata favorita’, no inspirada en una felina, y ‘Cuando te mueves me gustas más’. Su fama trascendió las fronteras de la Luna y se presentó en Marte, Venus y en varios aros de Saturno. Atesora un disco de platino y 8 discos de oro. En las multitudinarias presentaciones en vivo acuñó el grito de ¡Edulcorante!, incentivando su uso, más saludable que el azúcar en la elaboración de postres y otros alimentos. Unos lo consideran como el padre de la posmodernidad ya que se le adelantó a la mismísima Celia Cruz, la gran guarachera cubana, con eso de ¡Azúcar! Varias instituciones llevan su nombre, y los selenitas lo consideran como el más universal de los nacidos entre ellos. También se recuerda a Abulfeda por sus constantes discusiones con Abul Wáfa, su más enconado detractor”.

Incrédulo, se arrellanó en su silla de trabajo.

– De lo que uno de entera – pensó asombrado.

Ladeó la cabeza a un lado y hacia otro.

– El tal Abulfeda tenía hasta enemigos.

Y pinchó sobre el indicativo Abul Wáfa.

– Soberano imbécil selenita que moría de envidia por los constantes éxitos de Abulfeda. No se tienen muchos datos de su biografía. Solo que su deceso ocurrió por un ataque de risa cuando supo del fallecimiento de Albufeda. En venganza por los seguidos encontronazos con el ídolo, en su sepelio todos corearon “Baila con un solo pie”, otra de las piezas más afamadas del gran selenita. Tiempo después de su fallecimiento, resentidos seguidores de Albufeda profanaron su tumba y con los huesos fabricaron alimento para perros. Sorpresivamente los caninos, dando muestras de la inconformidad sobre la materia prima de la comida que se les servía, no probaron un solo bocado”.

Terminó la lectura.

– Menuda sorpresa.

Agarró su teléfono.

– Esto se dice y no se cree.

Marcó un número y aguardó.

– Hola, ¿es la ESPN? – al recibir una respuesta positiva se le iluminó el rostro –. Disculpe, le molesto porque encontré unos datos muy interesantes y quiero ver si ustedes poseen más información. Me acabo de enterar de algo que considero inaudito. ¿Me puede dar un minuto de su tiempo?

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