El Chaco, la magia de la naturaleza en la piel

“Vivo en Ciudad del Este, pero me crie en el Chaco”, me dijo el escritor Joel Recalde la primera vez que intercambiamos palabras. Nos conocimos en el año 2016, durante la I Feria del Libro “Hernandarias Lee” que organiza esa ciudad del Alto Paraná. En la ocasión me obsequió su libro “Fango y Polvareda”, sello editorial Arandurã. “Para que conozcas algo de esa zona”, acotó mientras escribía la dedicatoria: De Paraguay a Cuba con cariño. Para Aldo”.

La publicación estuvo perdida por más de 4 años. Una mudanza, tiempo después de nuestro encuentro, hizo, como sucede en todos los cambios de domicilio, que el material de Joel desapareciera como por arte de magia.

Y si, reitero, desapareció como por arte de magia, de la nada, sí, de la nada, emergió ante mi espectro visual. En apenas 2 noches leí la propuesta de mi amigo. Y, sinceramente, me sorprendió, no solo sus conocimientos y agradecimiento hacia ese recóndito punto de la geografía paraguaya, sino su disposición, si se lo permiten, de abandonar su vida en Ciudad del Este, una de las principales ciudades paraguayas, para dedicar esfuerzos profesionales al centro educativo Ñu Apu’a, sito en el departamento del Alto Paraguay, que le dio la oportunidad de recibir una estricta y excelente formación que, junto a la imperante en el seno familiar, dio lugar al Joel Recalde que hoy conocemos.

¿Qué influencia tiene en tu personalidad el haber crecido en El Chaco?

Todo ambiente influye en la personalidad de un ser humano. Moldea su carácter, lo transforma. En mi caso, te puedo decir que soy un privilegiado por haber crecido en El Chaco, rodeado de la naturaleza. Porque la naturaleza te enseña tantas cosas, y si esa persona es observadora y detallista, no solo las vas aprendiendo, sino que las incorpora a su modo de vida. Hay que tener en cuenta, y lo aprendí hace mucho, que todo lo que el hombre crea está inspirado en la naturaleza, o motivado por ella. Gracias a mi crianza en El Chaco soy observador, reflexivo, analítico. Me eduqué en un ambiente distante y cerrado, no tuve contacto con grandes grupos sociales; solo el ambiente familiar y la naturaleza eran mis compañías, y eso crea una personalidad diferente, muy diferente, a las de aquellos que crecieron rodeados de lo agitado de las grandes urbes.

Ñu apu’a…

La traducción al castellano sería “Campo Redondo”

Al centro Ñu Apu’a, ¿qué le debe Joel Recalde Rolón?

A Ñu Apu’a le debo todo, realmente. Si mi familia y la naturaleza moldearon mi personalidad, ese centro educativo tuvo a cargo mi formación académica, mi formación para la vida. Es una institución donde permanecí por 9 años, bajo un régimen interno, muy cerrado, que me dio la oportunidad de centrarme en las metas de estudio. No solo yo, Aldo, todos los estudiantes se gradúan con una alta preparación. La institución desarrolla actividades de todo tipo, con el objetivo de que el alumno, al emprender vuelo solo, pueda desempeñarse sin ningún tipo de problemas. No tengo manera de retribuir lo que Ñu Apu’a me aportó. Recibí de ella una educación integral. De ahí viene mi amor por los libros. Tiene una buena biblioteca que yo visitaba mucho, y de esa interacción con la literatura nació mi idea de escribir alguna vez.

En toda publicación, existen detalles que se exponen y otros no, por razones obvias. ¿Te animas a contar algo sobre tus 9 largos en el centro educativo Ñu Apu’a que no esté contemplado en tu libro “Fango y Polvareda?

Sí, como no. En una escuela mixta surgen las atracciones físicas, pero las relaciones amorosas no estaban permitidas; obviamente, mucho menos las relaciones sexuales. Hoy, quizás nos hubiésemos manejado con mensajes de texto, pero en mi época todo era a la vieja usanza; el cortejo era por notas escritas en cualquier papel, enviadas a través de un tercero. Todo estaba bien hasta que descubrían las cartas. Entonces, venía el colapso. El hecho se daba a conocer ante todo el alumnado en una formación, y, como si no bastara, se leía el contenido de la nota. ¡Sí o sí, había que ser extremadamente discreto!

Eres docente, eres escritor… ¿Ejercieras la profesión de maestro en Ñu Apu’a si tuvieras la posibilidad?

Si la institución desarrolla un buen proyecto para fomentar la educación de los niños chaqueños, no descarto la idea irme para allá. Me encantaría, sinceramente.

¿Mensaje a las autoridades nacionales para con El Chaco paraguayo?

Mayor importancia a la zona y a la gente del Chaco. Cada zona del país debe tener la misma atención, cada gente, cada porción de tierra. Considero, y así lo plasmo en “Fango y Polvareda”, que el Chaco será el sustento de nuestro país en un futuro. En El Chaco hay mucho por hacer, casi nada hay, y es por la desatención que tiene de parte de las autoridades.

Considero que “Fango y Polvareda” es lectura obligada para quienes, por ejemplo, yo, no conocemos esa zona del país, y quizás no tengamos la oportunidad de visitar. ¿Dónde se adquiere tu libro?

Hay muy poca distribución del material, y en ese sentido soy responsable de la falencia. Anteriormente “Fango y Polvareda” estaba presente en librerías de Asunción y Ciudad del Este. En este momento, está en locales de Ciudad del Este, pero la comercialización la hago de manera particular. Los lectores se contactan conmigo y les hago llegar el libro. Me pueden encontrar en las redes sociales.

¿Deseas agregar algo más?

El hecho de involucrarme en el mundo de lis libros, de escribir un material, te abre muchas puertas. Me dio la oportunidad de conocer lugares, de conocer a muchísima gente, visitar medios de comunicación, y para mí es un gran orgullo haberme dado a conocer con una publicación sobre el Chaco, sobre el centro educativo Ñu Apu’a. Escribir un libro no te carga el bolsillo, pero te reporta una gran satisfacción profesional. Insto a quienes deseen publicar que lo hagan, que den a conocer sus obras. Escribir, publicar, te hace sentir con el alma plena.

Culmino la conversación con Joel, concretada vía WhatsApp, reproduciendo el último párrafo de “Fango y Polvareda”, ese libro que se ha convertido en un mensaje de agradecimiento a una zona de la geografía paraguaya tan recóndita y olvidada:

“El Chaco es único, más allá de su hostilidad, te puede hacer sentir en la piel la magia de la naturaleza. Una zona tan exótica donde la noche puede sr  tan oscura que hace que las estrellas brillen más que en cualquier otra parte del mundo; o tan clara como el día en las fases de plenilunio”.

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