¡Que siga sonando tu guitarra!

“Murió, Emilio, el papá de Manuelito”, fue la escueta comunicación.

Dos días antes había dado a conocer, en las redes sociales, que tanto él, como su amada Yennifer, habían resultado al análisis de la COVID-19, y que, como si no fuese suficiente, le cedió el único lugar disponible en la Sala de Terapia Intensiva, del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente, INERAM.

“Gente, estamos con COVID-19, les pedimos oración, Manuelito está bien con sus abuelos. Ella está peor y está internada, para mí ya no hay lugar y me estoy medicando solo”, cito textual, escribió el pasado jueves. El sábado, tristemente, su cuerpo partió el viaje eterno a la espiritualidad, incapaz de soportar los embates de la pandemia y la desidia de las autoridades nacionales que, indefectiblemente, están en la obligación de paliar las consecuencias de la situación imperante.

Momentos de extremo dolor vivimos al conocer los detalles de su deceso, aguardando por un milagro en el centro asistencial. Instantes de angustia infinita a sabiendas de que Yennifer se aferra a la vida bajo la égida maternal, e incondicional, del personal de salud.

Desconozco la formación musical de Emilio, no obstante, trascendió, a la palestra nacional, al ejercer la profesión en función de la cura de Manuelito, su hijo, quien padece del Síndrome de Shone, enfermedad cardiovascular congénita que provoca lesiones estructurales en el hemicardio izquierdo.

Su entrega al pequeño fue, como acierta una canción, desde el alma hasta los huesos. Siempre acompañado de Yennifer. Siempre con una sonrisa a pesar de las difíciles circunstancias que le circundaban.

Emilio partió. Su alma es una efectiva combinación de luz y notas musicales. Su sonrisa es parte de un colorido pentagrama en el que, desde el FA al SÍ, insisten en fomentar la existencia de Manuelito, ese infante que, y se me antoja, con la consabida inocencia infantil buscará en el firmamento la mirada protectora del progenitor.

No te digo adiós, o hasta pronto, o hasta luego, o hasta la vista.

Solo te pido, encarecidamente te pido… ¡Qué siga sonando tu guitarra!

3 comentarios sobre “¡Que siga sonando tu guitarra!

  1. Querido Aldo:
    Aunque la vida y el tiempo aún no se juntan para poder conocernos, tus expresiones para con mi hijo me son más que suficientes para tenerte en el corazón.
    Gracias, hijo. Emilio se formó en una familia de artistas y a los tres años ya integraba el coro de los payasos “Si No Se”, y a partir de entonces fue 1a figura de “caribe 3”, cantante del grupo familiar “Leyenda” y participó de varios concursos nacionales e internacionales…
    Con el corazón roto y consternado, te doy las gracias por tu bello escrito…nos tocó en lo más hondo del alma. ¡Y su guitarra seguirá sonando, joven amigo!

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