“¿Qué hice para merecer tanto castigo?”

Tras casi 90 días convaleciente regresó a su lugar de trabajo. “Créeme que estuvimos al tanto de ti”, le dije al saludarla con la cordialidad y el cariño que merece. “Gracias”, acotó en apenas un susurro. “Por mi familia, por mis amigos, por ustedes, mis compañeros de trabajo, pude vencer el triste momento que viví”.

Ella fue brutalmente atacada por un conocido. “Un chico, para mí un buen chico, aunque que nos veíamos poco. Lo conozco poco, pero, sinceramente, nunca imaginé que fuese capaz de hacer algo así”.

¿Qué sucedió realmente?

Fuimos visitar una ciudad, muy cerca de Asunción. Un lugar que, aunque parezca increíble, yo no conocía. Recorrimos, compartimos como amigos, y visitamos la casa de una tía, que llamativamente cuando llegamos no se encontraba.

¿Te comenzó a golpear de la nada?

No. Hablamos y me echó en cara que yo, en el 2019, le había dado a entender que él era un incapaz. ¡Algo que incierto! Luego, que yo lo había engañado con otro muchacho. ¡Otra mentira! Yo tenía novio y si él se ilusionó conmigo, no es mi culpa. Jamás le di a entender que estaba interesado en él. Nunca hubo ninguna insinuación. Todo es producto de su imaginación. Cuando noté que la conversación iba tomando un mal camino, quise irme y me atacó. Me di la vuelta y me golpeó con un mazo en la nuca. Caí al suelo y comenzó a patearme por donde se le antojó. Los vecinos me socorrieron y, tengo un vago recuerdo, que me llevaron al hospital en un carro de bomberos.

Las primeras noticias tuyas no eran nada halagüeñas. Incluso, daban a entender que te debatías entre la vida y la muerte.

Estuvieron a punto de extirparme el bazo. Tengo fractura en el tabique, mi mano derecha está retomando el movimiento, y me golpeó muy fuerte en la cabeza. Pensé que moría. Me culpaba. Me preguntaba: ¿Qué hice para merecer este castigo?

¿Te culpabas? ¿De qué te culpabas?

Ni yo misma sé, realmente. Buscaba una razón, una respuesta lógica para ese ataque tan despiadado que recibí de una persona que consideré buena.

Tengo entendido que en este momento ese monstruo está en Tacumbú.

Así mismo. No lo he vuelto a ver, pero me han dicho que lo trasladaron para ese penal. Ahora a esperar cómo se desarrolla la justicia, que en este país se mueve por el que más dinero tiene.

Ese aciago momento no lo puedes borrar de golpe. Supongo que viene a ti de manera recurrente, más aún si no está recuperada del todo. ¿Sentimientos hacia esa persona?

Me han preguntado mucho qué haría si lo tengo delante. Si ahora lo tuviese enfrente, le pregunto por qué me hizo tanto daño. ¿Sabes? No tengo rencor. Asumo como algo que me pasó, como algo que le puede pasar a cualquiera. Aunque, reitero, sí me pregunto por qué me sucedió.

Siempre termino las entrevistas formulando la misma pregunta: ¿Deseas agregar algo?

A todas las personas, mujeres u hombres, no importa, les aconsejo que, sin llegar a la obsesión, cerciórense de quienes se hacen acompañar. No tiene que ser pareja, a mí no me atacó mi pareja, sino un chico que tejió en su mente una relación conmigo. Dicen que en cualquier parte está en peligro. ¿Verdad? Pues lo sufrí en carne propia, y lo que me sucedió no se lo deseo a nadie. A absolutamente nadie.

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