Chupamedias

-¡Eres una diosa! – se le escuchaba decir a menudo.

-¡No hay nadie como tú! – solía expresar.

-¡Ídolo! ¡Lo mejor que le ha sucedido a la empresa es que vinieras a trabajar para acá! – y la frase hizo eco en su mermado pensamiento, corroído por la soledad.

El llanto le obligó a detenerse frente al espejo.

-Para nada sirvieron tantos elogios si cuando tuvieron que despedirme lo hicieron.

Enjugó las lágrimas.

-¡Chupamedias! ¡Chupamedias! ¡Chupamedias! – recordó, con tristeza, el coro, sarcástico e hiriente en demasía, que le acompañó mientras abandonaba el que fuera su recinto laboral.

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