“Con más de 3 salarios mínimos no nos alcanza”

La noticia de que Paraguay exhibe el cuarto salario mínimo más alto entre varios países de América Latina (2.192.839 de guaraníes, unos 319 dólares estadounidenses), si bien no sorprendió, sí provocó muestras de sarcasmo, sobre todo, en aquellas personas que devengan la cifra anteriormente citada.

Diario La Nación: Gráfica de los países de América Latina con sus respectivos salarios mínimos en dólares. Foto: Francisco Quiñonez, con datos de la consultora Statista.

“Te voy a poner al habla con mi abuela”, me comentó un amigo cercano haciéndome llegar su número de contacto. “Es docente jubilada y vive con mi hermano y mi cuñada. Se llama Ofelia pero con confianza le puedes decir Ña Ofe”, acotó sonriente.

Tecleé el número de la señora y, en efecto, del otro lado de la línea escuché la voz de una persona que, personalmente, no imaginé nunca que tuviera nietos que superan la veintena de años.

“No me preguntes la edad”, señaló afable, aunque mi intención, y lo reconozco, nunca se dirigió a averiguar el dato. “Despreocúpese, señora, a las damas no se le interroga por la cifra vivida. ¡Es como un secreto de Estado! Así lo aprendí de niño”.

Tras el breve, y jocoso, intercambio de opiniones, además de aclararle que nuestra plática sería breve, le expuse el motivo de mi llamada.

“Podría ser. Puede ser que Paraguay pague el salario mínimo más alto del continente, pero… ¿De qué vale si no alcanza para nada? No soy economista, pero sufro, como la mayoría de mis compatriotas, la mala economía del país, y la mala administración del gobierno. Pueden pagar una millonada, pueden pagar 15, 20 o 25 millones de guaraníes. Pueden pagar lo que se les ocurra, pero si ese monto no te alcanza. ¿De qué estamos hablando? Yo, Ofelia Mendoza, docente jubilada, vivo con mi nieto y su esposa, como te dijo Miguel que amigo tuyo; si sumamos mi pensión y el salario de ellos, te puedes dar cuenta de que ganamos poco más de 3 salarios mínimos. Y con más de 3 salarios mínimos no nos alcanza… ¡Y vivimos en casa propia, o sea, no se nos va parte del dinero en alquiler. La ANDE, la ESSAP, el supermercado; yo soy diabética e hipertensa, tengo IPS, pero cuando mis medicamentos han faltado, o se han atrasado en dármelos, los muchachos me los consiguen en las farmacias privadas. Está el precio del pasaje… En fin, cubano, Paraguay puede tener el cuarto mejor salario del América, pero si no alcanza…”.

Me pareció interesante su punto de vista y la invité a dar su testimonio en los programas “Maitei Paraguay” y “El Brunch” que emite el canal televisivo GEN los fines de semana.

“Te voy a avisar, pero no me gusta salir en televisión”. “Puede ser telefónico”, acoté. Ña Ofe suspiró largo y… “Te voy a avisar”, reiteró. “Gracias, Ña Ofe, estoy a sus órdenes”, le dije a manera de despedida.

Transcribiendo la petit entrevista le comenté a “Miguelón”, así le llamo a su nieto que coincido plenamente con su abuelita. “Así estamos en Paraguay, querido Aldo”, sostuvo; y a manera de colofón, sin ánimo de consuelo o de justificar la situación, le comenté: “Sí, es cierto. En Paraguay no alcanza, pero… ¿Te imaginas en Venezuela donde el salario mínimo es apenas 1 dólar”. “Me quedo en Paraguay, Aldito”. “Mejor sí que nos quedamos en Paraguay”, finalicé.

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