“Vacunarse o no vacunarse, esa es la cuestión”

A pesar de que el auditorio se encontraba abarrotado, apenas se escuchaba el murmullo de los presentes. La secretaría general del sindicato de artistas había convocado, de manera urgente, una reunión extraordinaria para abordar el único tema en el orden del día: La vacunación contra la COVID-19 en el gremio.

-Vacunaron a William – expuso Vincent indignado –. Está bien que sea él, pero, ¿y los demás? Por ejemplo, ¿cuándo nos inmunizarán a nosotros los pintores?

-¿A los pintores? – preguntó sarcástico Miguel frotándose su inutilizada mano izquierda –. Perdiste una buena oportunidad de quedarte callado.

-¿Tienes algo en contra nuestra? – y se escuchó la voz, con marcado acento español, de Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad.

-Ni con los pintores, y mucho menos contigo que eres mi compatriota – agregó Miguel intentando aplacar la furia del artista plástico –. Pero sucede que William, Garcilaso y yo somos contemporáneos y solo ha sido inmunizado el amigo Bill. Además, mi querido Pablo, y me disculpas, tú llegaste acá mucho después que nosotros y esto es por antigüedad.

Sin dudas lo dicho por Miguel no fue recibido muy placenteramente por los presentes en la reunión

-¡Qué falta de cortesía! – exclamó Isadora visiblemente molesta –. Y fíjate, Miguel, no te mando para ese lugar de la Mancha que mereces porque no recuerdo el nombre!

-¡Déjalo tranquilo! – acotó Julio sin despejar su imaginación cronopios –. ¡No te voy a permitir una falta de respeto porque Miguel es como un padre para nosotros! ¿Verdad Pablo?

Entonces los tocayos, tanto el nacido en la península ibérica como el que vio sus días en el cono sur de las Américas, ladearon la cabeza.

-Es con mi colega el escritor – advirtió Julio.

-Disculpa – se excusó el aludido –. Sinceramente no estaba prestando atención. Vine por un problema de disciplina, porque ando empecinado en volver a escribir los versos más tristes esta noche, porque seguramente titilan azules los astros a lo lejos.

-A mí tampoco me pregunten – dijo Francisco – También vine porque me convocó el sindicato, pero tengo en mi cabeza las majas. Quiero hacer algo novedoso con ellas.

-Vayamos al grano – propuso Miguel Ángel, el padre de Moisés –. Fíjense que ando escaso de tiempo. Tengo que dar una entrevista por el éxito de la capilla. Pregunto concretamente, ¿hay plan de vacunación para nosotros o no?

-Me sumo al pedido. Estoy lista para las dos dosis – espetó sonriente la negra caribeña acariciando su “Motica de Algodón” –. Me voy a vacunar. Me siento bien, aunque muchos imaginan que tengo problemas de ¡Azucaaaaaaaaaaaaa!

Todos se miraron aburridos. Llevaban rato debatiendo y la paciencia comenzó a escasear.

Leonardo, con la mona en brazos, fue el primero en levantarse e irse. Augusto, más pensador que nunca, lo imitó. También lo hicieron Claude, Salvador, Pedro Pablo…

Transcurridos 15 minutos la asamblea había quedado sin quórum.

-¿Y ahora? – exclamó Lope, todavía en la duda sobre quién mató al gobernador.

-Muy sencillo – pensó William divertido, el único inmunizado del tan selecto y prestigioso grupo –. Vacunarse o no vacunarse, esa es la cuestión.

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