La “Nanas de la Cebolla” y yo

Nunca voy a olvidar a la profesora Miriam Cruz. Fui su alumno en la etapa secundaria (1981-1984) en la escuela “José Antonio Echeverría” de Ciudad Libertad. La profe Miriam impartía, ¡magistralmente!, literatura con una magia tal que te impulsaba a hurgar más allá de los conocimientos recibidos en clases.

-Este es el cassette para que en Radio Progreso me graben la música de la que te hablé.

-Despreocúpese, profe – acoté perplejo – Ya hablé con mi mamá y en 2 o 3 días se lo entrego.

Reitero, qué perplejo con su pedido. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: Mientras todos los pedidos de grabación de cassettes, un lujo en ese entonces, giraban sobre las orquestas Van Van e Irakere, los salseros Rubén Blases y Oscar D León, los románticos Roberto Carlos y Camilo Sesto, la profesora Miriam Cruz pedía “Nanas de la cebolla”.

-Es un poema del español Miguel Hernández que cantan Joan Manuel Serrat y Alberto Cortez.

A mis 12 años, 40 años atrás, e inmerso en todo lo que se escuchaba, a todo lo que daban los parlantes, en el mi idolatrado barrio marianense de Santa Felicia, tenía alguna remota referencia de Serrat y del intérprete argentino, pero ni idea, ¡ni remotamente idea!, sobre la persona de Miguel Hernández.

-Lo necesito para musicalizar una clase – me advirtió quien hace unos años, según supe, abandonó la existencia terrenal.

La encomienda fue entregada y, reconozco, que la interpretación, amplificada en nuestra aula, me entró por un oído y me salió por el otro. “Que si la cebolla es grande / que si la cebolla es así / que si la cebolla esto otro…”. En fin las cebollas me importaban poco porque mis avecillas mentales estaban en el juego de béisbol que me esperaba al concluir la sesión escolar.

-¿Les gustó? – preguntó Miriam sonriente recibiendo un manido coro de “SIIIIII” –. Muy bien. Ahora les quiero contar por qué Miguel Hernández escribió ese poema tan lindo.

Desconozco los motivos, pero puse los cinco sentidos en la explicación, ¡y enhorabuena!, porque la narración de la profesora me impactó tanto que hasta hoy, cuatro décadas después, continúo escuchando su voz.

-Lo escribió en 1939 durante la Guerra Civil Española. Miguel Hernández estaba preso y su esposa le escribió diciéndole que ella y sus hijos solo tenían para comer pan con pedacitos de cebolla.

Se hizo un silencio sepulcral.

La tristeza nos invandió.

A partir de ese momento las clases de la profe Miriam Cruz comenzaron a tener otro sentido para nosotros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s