El verdadero antilíder

Los anales históricos mundiales pululan de líderes y antilíderes. Políticos, deportivos, religiosos… Son infinitos y, como tal, resulta harto difícil comenzar a enumerarlos y, por ende, individualizar las características de cada uno.

Y más que detenerme en los líderes, esos seres humanos que impulsan a las masas solo son su imponente presencia, analizo, y soy de los tantos que lo hace, sobre la definición de antilíder y sus cualidades más resaltantes.

Son varios los juicios que, al respecto, se pueden leer en la gran variedad de diccionarios de la Real Academia Española de la Lengua; no obstante, todos, sin excepción, puntualizan, enfáticamente, que el antilíder es un ser humano incapaz de alcanzar logro alguno en el grupo del que es cabecilla porque, en muchos de los casos, no alcanzó el escaño que ocupa por méritos propios sino por la voluntad de terceros y sin previa consulta con el prójimo.

La anterior esencia del antilíder es la que exhiben los mataburros de la lengua cervantina, y con esa me quedo.

Ahora, planteado el concepto, hurgué en otros mariales para empaparme, por así decirlo, de las cualidades, apenas 5, que entronizan a esa persona que por la necedad, e incapacidad, demostrada, en demasía, en el cumplimiento de sus funciones es señalado, por las masas, como antilíder:

Es apagado: Demuestra tan poco entusiasmo que desmotiva a su entorno por la escasa energía que transmite. Tiene un intelecto tan mortecino que acude a gastadas excusas para despejar dudas sobre su incapacidad: “Todos estos temas que hoy están presentes en la sociedad como insatisfacción, ¿cuál es el origen? ¿cuál es la causa? El bloqueo”.

Es temeroso: En cada subordinado ve a alguien que aspira su lugar, por lo que se rodea de personas mediocres y aduladoras que constantemente, y por miedo a perder beneficios, hacen loas a su pésima gestión. Además, también por temor no reconoce que su gobierno pende de un hilo: “Ahora mismo lo que el mundo está viendo de Cuba es una mentira”.

Es deshonesto: Miente, y no solo miente, sino que se escuda en la violencia para victimizar sus embustes. Como un papagayo repite frases de sus antecesores: “Estados Unidos ha fracasado en el empeño de destruir a Cuba a pesar de que, para conseguirlo, ha malgastado miles de millones de dólares”. “Nosotros no llamamos al pueblo a enfrentar al pueblo, nosotros hicimos un llamado al pueblo a defender su revolución, a defender sus derechos y el pueblo apoyó”.

Es egoísta: Fomenta su bienestar y el de su entorno para eternizarse en el poder. O, además, no reconoce sus propios métodos de subyugación: “Es legítimo que tengamos insatisfacciones, pero también tenemos que ser capaces de saber dónde nos quieren manipular”.

Autoritario: Lo es en demasía y contra seres humanos indefensos. Lo es y al serlo es capaz de instigar al enfrentamiento entre sus congéneres: “La orden de combate está dada: a la calle los revolucionarios”.

Debe de haber muchos antilíderes en el mundo contemporáneo, pero, actualmente, el más destacado, sin dudas, desgobierna la mayor isla del archipiélago antillano.

No ser líder, no es un delito; aceptar ser antilíder, es un acto despreciable.

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