Réquiem por los Sixtos

Ambos fallecimientos sorprendieron: Sixto Llorente, “El Indio”, y Sixto Soria dejaron de existir con apenas días de diferencia.

Javier Lay, ingeniero de sonido de la orquesta “Aragón”, me puso al corriente sobre el fallecimiento de “El Indio”, excepcional intérprete del cancionero popular cubano, quien integró agrupaciones como la “Aliamén”, “Manolito y su Trabuco”, y “Aragón”.

“Hermano, se sospechó que fue por COVID, pero no; fue por una neumonía que se complicó. El golpe por su muerte ha sido doblemente fuerte. Una, porque perdimos a una gran persona; y otra, por el gran cantante que ya no tenemos. No sabemos cómo lo vamos a sustituir, porque ‘El Indio’ era ‘El Indio’. Se nos fue de pronto. Tenía 72 años y se cuidaba mucho. Hacía ejercicios y apenas bebía. Esto ha sido terrible”, así me hizo saber el artista del sonido de “La Charanga Eterna”.

No obstante, me es imposible encontrar información sobre el deceso de Sixto Soria; otro excepcional Sixto, boxeador, representante de las escuadras cubanas en la categoría de los 81 kilogramos; medallista de oro en el Campeonato Mundial de Boxeo Amateur celebrado en Belgrado, antigua República Federativa de Yugoslavia, 1978; y subcampeón olímpico en los Juegos de Montreal, Canadá, 1976.

“Sí, Sixto Soria falleció”, fue el comentario de Cuco, mi hermano. “Pocos días después de morir ‘El Indio’. Además, me llamó la atención  de que los 2 se llamaban Sixto”, concluyó el hijo más pequeño de Caridad y Luberta.

De Llorente lo recuerdo todo.

Lo “descubrí” en 1987, cuando él cantaba con la “Aliamén” y, poderosamente, me llamó la atención su timbre de voz y la capacidad que tenía para improvisar al estilo de Beny Moré, Cándido Fabré u Oscar D’ León. Años después lo conocí personalmente y le hice saber mi admiración, ilimitada e incondicional, por su trabajo. “Gracias, maestro”, respondió sonriente. “¿Maestro yo, maestro? Discúlpeme, maestro es usted?”, y nos fundimos en un abrazo.

No me canso de escuchar su interpretación en “Aquí cada uno viene con lo suyo”, acompañado por el trabuco de Manolito Simonet.

De Soria también lo recuerdo todo.

Siendo apenas un niño, en mi incipiente fanatismo deportivo, disfruté de sus peleas en compañía de mi abuelo y mi padre; y, a pesar de que su carrera pugilística fue efímera, logró escalar al podio de premiación en los eventos más importantes a los que asistió.

Décadas después me acerqué a su persona con el mero objetivo de entrevistarlo para mi programa “Estrechas y Antorchas”. “Ven al gimnasio que te voy a contar mi vida de punta a cabo”. Y así lo hice. Y así lo hizo. Me habló de su nacimiento en Santiago de Cuba, de su pelea en la final olímpica contra el estadounidense León Spinks, de su enfrentamiento por el oro mundial ante el yugoslavo Tadija Kacar, y “de que tuve problemas con la justicia. Reconozco mi error, cumplí, pero no soy un delincuente”, concluyó emocionado.

Son 2 Sixtos que de una forma u otra marcaron mi vida. Uno sazonó mi amor por la música bailable cubana; el otro, por regalarme inolvidables momentos juntos a mi papá y mi abuelo a los gritos de “Dale, Soria, que esto es tuyo”.

Disfruté con las interpretaciones de uno; me estremecí, de alegría y tristeza, con los ganchos y uppercut del otro.

Un privilegio que me acompañará hasta el final.

Gracias, “Indio”; gracias, campeón.

Un abrazo a la eternidad.

Hasta pronto.

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