Otra carta directa, en esta ocasión al Frente Guasu

Primeramente, deseo aclarar que mi intención no es criticar la posición que han asumido a favor del gobierno cubano. Me es imposible adaptarme a la misma guillotina de censura de la que hemos sido víctimas los que nacimos en la isla en fechas posteriores al 1 de enero de 1959, como es mi caso, que vi la luz de mis días el 27 de junio de 1969.

Reconozco, aunque el discurso oficial no me lo inculcó de pequeño, que cada ser humano tiene la plena libertad de expresar libremente, y en términos de respeto, lo que le complace cuestionar.

También reconozco, a pesar de que lo promulgado el régimen dista en demasía de mi actual posición, que una persona con ideas y pensamientos diferentes a los míos no es mi enemiga.

Insisto, no voy a cuestionar la postura que proyectan a favor del gobierno cubano, mal liderado por el ingeniero Miguel Díaz Canle, pero sí confrontar puntos de vistas, partiendo de una premisa: No soy ni gusano, ni vendepatria (Reitero, vehementemente, que patria no es  revolución), ni escoria, ni lacayo del imperio de los Estados Unidos, ni trabajo para la Agencia Central de Inteligencia… Soy un cubano que, como cubano, anhela el bienestar para su isla querida.

Ustedes abrazan, con ímpetu abrasivo, la prosapia, la estirpe, que por décadas ha utilizado la dirección de la revolución cubana para justificar la mediocridad e incompetencia, pobras, en su ¿benévola orientación? que supera las seis décadas de existencia: El bloqueo de los Estados Unidos a la isla.

El bloqueo no es tal bloqueo, sino un embargo económico impuesto a Cuba, precisamente, por las nacionalizaciones a empresas estadounidenses a inicios de la décadas de los sesentas sin que los propietarios reciban nada a cambio como indemnización.

¿Creen que es justo lo anteriormente expuesto?  ¿Es aplaudible el hecho de que, por capricho de alguien, le arrebaten, de golpe y porrazo, a una persona años de sueños, de trabajo y de inversión?

No obstante, y los complazco en esta ocasión, me sumo a la misma retórica para hacer uso de tan manida palabra: BLOQUEO.

El bloqueo no tiene culpa del unipartidismo, ni de la censura, ni de las encarcelaciones, ni de la represión…

El bloqueo es el eterno acusado en un tribunal improvisado.

¿Se imaginan que en Paraguay exista el unipartidismo impuesto en Cuba? No existiría la oposición, y tomando en cuenta que en la actualidad los líderes del Poder Ejecutivo militan en la Asociación Nacional Republicana, ustedes, específicamente ustedes, señoras y señores del Frente Guasu, no tendrían representación en el Congreso Nacional.

De existir un único partido en esta hermosa nación entonces, reitero, tanto en la Cámara Baja como en la de Senadores sucedería el triste y llamativo fenómeno que caracteriza al Parlamento de Cuba donde los 605 miembros, entiéndase diputadas y diputados, están de acuerdo con todo lo que se plantea los 365 días del año.

¿Creen que eso sea lógico?

Si en Paraguay, país democrático, con un Presidente de la República elegido en las urnas no impuesto, como sucede con Miguel Díaz Canel, existiese el unipartidismo, o una única ideología fuese la imperante, quizás, ustedes se atreverían a apoyar públicamente al gobierno cubano, no lo dudo, pero las consecuencias serían otras.

Les recuerdo que el unipartidismo oficial en la isla, por esa absurda ideología, parafraseando al cantante cubano Willy Chirino, Celia Cruz falleció imposibilitada de regresar a su tierra, ¡ni de visita!; las obras del escritor Guillermo Cabrera infante, uno de nuestros tres Premios Cervantes,  no son difundidas oficialmente; se han vetado nombres como los de Orlando Hernández, Joel Casamayor, Antonio Pacheco, y de otras celebridades deportivas, por el deseo de residir fuera del archipiélago.

¿Por qué se culpa al bloqueo, o al embargo, de todo lo que sucede en esas fronteras?

¿El bloqueo es responsable de que Miguel Díaz Canel haya hecho un llamado a la violencia, al enfrentamiento entre compatriotas por las manifestaciones históricas iniciadas el pasado 11 de julio?

En Paraguay el pueblo sale a calle a hacer reclamos al gobierno, lo mismo ha sucedido en Colombia, en Chile, en Argentina, y en todo momento los mandatarios, ejerciendo la posición de estadistas, han servido de mediadores entre las partes en pugna.

Díaz Canel no, para él “la orden de combate de está dada (…) A la calle los revolucionarios (…) Tendrán que pasar por encima de nuestros cadáveres”, y cito textual fragmentos de la intervención televisiva que lo sepultó en vida. Alocución que como un rompecabezas fue hilada no solo con frases hechas, sino con funestas consignas heredadas de sus antecesores.

Insisto en dos cuestiones, señoras y señores del Frente Guasú.

La primera es que mi intención no es censurar ni criticar la posición que asumen apoyando al gobierno cubano, sino compartir criterios; la segunda, y última, por el momento, es que quien se dirige a ustedes no es gusano, ni vendepatria, ni lacayo de los Estados Unidos, sino un cubano que solo quiere libertad para su país.

Atentamente

Aldo Luberta Martínez

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