Agresor, difamador, manipulador… ¿Ese soy yo, Mario Casartelli?

Este señor asegura que soy un conocido difamador, manipulador, mentiroso… Primero, como se puede leer en las impresiones de pantalla, me acusa de agresor, porque, según afirma, algo que también pueden ustedes constatar, me sumé a los incidentes, junto a Turcios Manuel Pita Rodríguez (No estoy seguro si estaba ese día, al menos no lo recuerdo), acontecidos en los exteriores de la sede diplomática cubana hace, aproximadamente, tres semanas.

En este caso, señor, el mentiroso, difamador, manipulador, es usted. O peor, manipulado por personas que, por conveniencia, le hacen creer su conveniente versión de los sucesos.

Mi postura, no solo ese día lunes, sino en toda mi proyección de vida, es la intermediar, ser pacífico, reclamar, ¡eso sí!, pero sin violentar la integridad física de ser humano alguno.

Abogo por un debate pluralista e inclusivo, así me lo negaron durante años en mi país natal, porque considero que el desarrollo económico, político y social, de cualquier conglomerado humano, se basa, indefectiblemente, en la diversidad de criterios.

Además, señor, a usted le dieron referencias muy tergiversadas de lo sucedido.

¿Usted estaba allí?

Creo que no.

Mi compatriota, en efecto, arribó a la protesta, digamos, “por el lugar equivocado”, y en cuanto descendió de su vehículo, el mismo que me mostró en la fotografía, y el grupo afín a la embajada cubana se percató de tan “errada” llegada, comenzaron los agresiones físicas.

¡Así sucedió y así lo hago conocer!

Hoy, casualmente, conversando, en términos de extremo respeto, con el señor Óscar Brítez me hizo saber lo sucedido al señor Ramón. Sinceramente, lamento muchísimo que haya sido golpeado. Le reitero, soy una persona pacífica y si algo me ha caracterizado en la vida es asumir la violencia como último recurso.

Quizás, usted, no sepa un detalle muy llamativo: Por parte nuestra no hubo detenidos. La Policía Nacional intentó hacerlo con Aramis, pero, y basándonos en sólidos argumentos, no lo hicieron porque, como ya le dije, mi compatriota no fue agresor, sino agredido. Agredido, incluso, por los uniformados, y por tal motivo se formuló una denuncia en Fiscalía. No en contra de la contramarcha, sino de los agentes “del orden”.

¿Soy manipulador? ¿Soy mentiroso? ¿Soy difamador?

No, Mario, no. El difamador, el mentiroso, el manipulador, ¡manipulado!, es usted, señor. ¿No se da cuenta de que defiende una causa que no conoce? ¿Su intelecto le impide, acaso, darse cuenta de que está actuando como un verdadero autómata defendiendo un sistema obsoleto e inoperante?

Usted es un periodista de reconocida trayectoria en Paraguay, no obstante, le recuerdo que, en nuestra profesión, para formular una acusación, tal y como la hizo en mi contra, se deben de escuchar a todas las partes participantes, de lo contrario, y me disculpa, el resultado sobrepasa la mediocridad.

No se deje manipular, señor Casartelli, es mi humilde consejo.

Puede notar que no lo critico por su ideología, pero recuerde algo: En Cuba, en ese sistema impuesto desde el 1 de enero de 1959, y que usted, con sus razones, apoya, pensar diferente es un delito. Conozco su proyección crítica hacia toda manera de pensar diferente, incluso a la del gobierno, por tal motivo vuelvo a recordarle que allá usted estaría tras las rejas purgando una injusta condena.

Deje de acusar sin argumentos porque desde el mismo preciso momento en que lo hace se convierte usted en mentiroso, difamador, calumniador, manipulador…

Un comentario en “Agresor, difamador, manipulador… ¿Ese soy yo, Mario Casartelli?

  1. Aldo Luberta, este señor no es más que músico de oídos. Manuel Pita probablemente ya no estaba frente a la embajada en ese momento. Por otro lado, como bien exicas en el texto, nuestro compatriota llegó por el lado equivocado, pues era la pri.era vez que iba a una manifestación frente a la embajada cubana, y era la pri. Era vez que teníamos “contra”. Es decir, el grupo de “comunistas” frente a la embajada llegó ahí por primera vez. Y, dicho sea de paso, dos de los señores carnosos de ese grupo entraron y salieron de la embajada. Cualquiera diría que los conocían muy bien ahí pues ya no era horario laboral. Resulta que fue Aramis, el cubano, el comenzó todo, yendo incluso con su esposa embarazada, cubana también? Pero hay que ser hasta perverso para decir tal estupidez! Señor periodista, le recuerdo que podemos acceder al circuito cerrado de la zona para acabar de desmentir sus alegaciones.

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