El pobre Francisco presenta… Capítulo II “Donación”

-Así es,  compañero, es tal y como usted dice.

El pobre Francisco, la infeliz marioneta, dibujando en su rostro una maquiavélica sonrisa, conversa telefónicamente, con la persona que, a miles de kilómetros de distancia y a conveniencia, mueve los hilos.

-La donación está lista para ser enviada – y agrega con tacto –. Solo le quiero dar una noticia no muy buena, y la otra muy buena. La otra es, digamos, que excelente.

-¿Qué sucede? – interroga el interlocutor desde la distancia.

-Comienzo por la noticia no muy buena. Es que la carne que se pudo conseguir está vencida.

-La carne que se pudo conseguir está vencida – repite despacio el manipulador de títeres humanos intentando comprender el mensaje de su mangoneando –. Explícame, por favor.

-Le explico compañero – aclara el pobre Francisco –. Los paquetes de carne, como le expliqué, están vencidos. Fue una gestión que hicimos junto a don Mario y don Brítez, dos abnegados combatientes que nos apoyan acá en la lucha contra esos malos compatriotas, esa caterva de gusanos que solo molesta con el cuento de que están reclamando libertad para nuestro país.

-Vamos al grano sin tanto rodeo.

-Le decía, compañero. Tratamos de resolver carne más fresca, pero no se pudo.

-¿Cuándo vencieron los paquetes de carne?

-En el 2017. Hace cuatro años.

-Ahora hay una campañita en las redes, claro, impulsada por Estados Unidos, sobre unas latas de conserva que se les entregó a la población. Es cierto, tenían unos añitos de vencimiento pero una donación es una donación, y hay que ser muy mal agradecido para estar criticando lo que con tanta buena intención nos hacen llegar desde el exterior burlando el criminal y genocida bloqueo que nos impone el imperio.

-Así pienso yo, compañero, porque nosot…

-Bueno… – interrumpe el compañero a manera de consuelo –. Una donación es una donación y siempre se agradece. A caballo regalado, no se le mira el colmillo. Cuando los paquetes de carne lleguen nos encargaremos de alterar la fecha de vencimiento para que la población esté tranquila. ¡Total! Es lo más fácil de hacer.

-¿Le comento la buena noticia?

-Pero, por favor…

-Estamos a punto de que nos compren las vacunas.

-Pero… ¿Cómo lo conseguiste?

-Más fácil de lo que cree, compañero – señala jactancioso el pobre Francisco arrellanándose en su mullida silla de ¿trabajo? –. La misma gente con la que resolvimos los paquetes de carne. Me tomé la atribución de aceptar los paquetes de carne vencidos bajo la promesa de que nos compren las vacunas.

-¿A qué precio?

-Una ganga. Solo aumenté dos dólares por cada dosis. Uno para usted y otro para mí.

-Le felicito, Francisco, no nos equivocamos cuando le enviamos como representante a tan lejanas tierras.

-Solo hago mi trabajo, compañero.

-Y hablando como los locos, ¿cómo anda la señora?

-Indicándole a la cocinera el punto que nos gusta para la carne.

-¿Van a almorzar un plato a base de carne?

-Así es, compañero.

-¿Carne vencida?

-No, para nada – aclara el pobre Francisco –. La carne nuestra es fresca como una lechuga, la vencida se va de donación.

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