Manuel Dionisio Díaz, entre la excelencia y el olvido

Es comprensible el sesgo existente en querer opacar el desarrollo deportivo cubano antes de 1959. Esa época se destacan los nombres, por solo citar algunos,  de José Raúl Capablanca (único campeón mundial de ajedrez, categoría mayores, de habla hispana), María Carlotta Llanio, Ramón Fonst, Armando Marsans, Olga Luque, Eligio “Kid Chocolate” Sardiñas, Orestes Miñoso, Gerardo “Kid Gavilán” González, Alfredo de Oro, Rafael Almeida, el binomio Carlos de Cárdenas, padre e hijo, Manuel Dionisio Díaz…

Quizás, no lo aseguro tan absolutamente aunque lo sospecho, el esgrimista Manuel Dionisio Díaz, injustamente, sea el bicampeón olímpico cubano más desconocido entre la afición deportiva de la isla.

Eminente profesor de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de la Habana, el afamado mosquetero antillano, luce entre los atletas que conquistaron la cima olímpica durante la tercera edición de la cita estival celebrada en San Luis, Estados Unidos, en 1904, hace 117 años.

Manuel Dionisio (La Habana, Cuba, 8 de abril de 1874 – Nueva York, Estados Unidos, 20 de febrero de 1929) ganó, para Cuba, el oro en la prueba de sable individual, venciendo en la final a William Grebe, de los Estados Unidos, considerado como el mejor del mundo en ese momento, y repitió la gloria en el florete por equipos, como integrante del team mixto, cubanoestadounidense, junto al mítico Ramón Fonst y a Albertson Van Zo Post, nacido en los Estados Unidos y residente en La Habana.

Los medios de la época lo destacan como una persona dedicada a su profesión que asumía la disciplina que lo encumbró en el olimpo como parte de las actividades en sus tiempos libres. Precisamente, y se puede constatar en las publicaciones consultadas, en ese detalle radica su diferencia con Ramón Fonst, primer cubano en obtener 4 medallas de oro olímpicas; el inigualable espadachín siempre afrontó el deporte con estricta disciplina y entrega.

Su muerte fue repentina e inesperada. A los 54 años, un infarto masivo del miocardio cercenó la existencia a tan ilustre compatriota. La noticia enlutó a la isla. “La pérdida de Manuel deja a la esgrima cubana sin su principal organizador y animador competitivo”, fue el mensaje de Ramón Fonst al conocer el deceso de su compañero y amigo.

Méritos le sobran para ser exaltado como merece, no obstante, repito, injustamente, quizás Manuel Dionisio Díaz sea el bicampeón olímpico cubano más desconocido entre la afición.

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