Los Carlos de Cárdenas, perdidos en el medallero olímpico

En 1948, y por segunda ocasión en la historia, Londres fue la sede de los Juegos Olímpicos en la Era Moderna, anteriormente lo había sido en 1908. Después de 12 años de ausencia, la II Guerra Mundial impidió la concreción en 1940 y 1944, la citas estivales regresaron en la denominada “Olimpiada de la Austeridad”.

El mundo había quedado devastado por el conflicto, 1949-1945, y las disciplinas deportivas no fueron la excepción del desastre.

Cuba, a pesar de la crítica situación, estuvo representada por 53 atletas que vieron accionar en 12 disciplinas deportivas. Para más detalle, Raúl García Ordoñez fue el elegido para portar al enseña nacional en una interminable ceremonia de inauguración en la que, por temperaturas extremadamente altas y la poca provisión de agua, se constató el desvanecimiento de varios de los participantes, ¡cuán helados expuestos a la intemperie en pleno verano!

A no pocos aficionados, llamó la atención que entre los participantes por la mayor isla de las Antillas resaltaran los nombre de Carlos Cárdenas Cumel y Carlos Cárdenas Plá, padre e hijo, participantes en el yatismo, en la modalidad de clase Star.

Cuba, en esa época, ya era pródiga, incluso con resultados internacionales, en boxeo, béisbol, esgrima, ajedrez; ya se jugaba en la isla deportes colectivos tales como voleibol, baloncesto, fútbol… Pero, ¿yatismo?

¿Qué cosa era aquello que Cuba enviaba a 2 representantes?

¿Nuestro país se podía dar el lujo de hacerlo?

Desconocían que Carlos de Cárdenas Cumel, en el año 1943, haciéndose acompañar como timonel por G. Garricaburu (Así luce en archivos consultados), obtuvo la medalla de bronce en el Campeonato Mundial de la especialidad celebrado en Great South Bay, Estados Unidos.

Por lo que en 1948, Carlos de Cárdenas Cumel asistió junto a su hijo mayor, Carlos de Cárdenas Plá, a la edición olímpica londinense, y, ¡qué sorpresa!, a bordo del yate Kurush III, aportaron para Cuba una medalla de plata, la única presea de la delegación caribeña que, de esa manera, rompía 44 años de sequía de podios en Juegos Olímpicos, si analizamos que los últimos lauros fueron aportados por los esgrimistas en la cita estival de 1904, en San Luis, Estados Unidos.

En 1954 y 1955, el binomio Carlos de Cárdenas repite triunfos en los eventos mundiales; además de un cuarto lugar en los Juegos Olímpicos de Helsinki, 1952; y, cuatro después, en 1956, consiguen un meritorio sexto lugar en la edición 0límpica de Melbourne, Australia, para, de esa manera, y con sobrados argumentos, consolidarse como los mejores representantes del yatismo en la historia deportiva cubana.

Es una pena tan escaso reconocimiento para ellos, los Carlos de Cárdenas, figuras inherentes a la historia deportiva cubana. Si bien hay quienes que sí guardan, guardamos, con agrado y agradecimiento los resultados de tan ilustre pareja, hay otros que, inexplicablemente, aseguran que el deporte llegó al territorio cubano después de 1 de enero de 1959.

La historia deportiva está a la mano, también los archivos… Leer, investigar, despejará telarañas de la estructura mental de muchos.

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