El pobre Francisco presenta… Capítulo IV “Guayabito”

El pobre Francisco contempló con cierta sorpresa a su ayudante que, detenido delante de él, le extendía una hoja de papel.

-¿Qué es eso?

-El listado de sus compatriotas que se manifiestan, señor. El que le pidió a la Coordinadora de Solidaridad para enviar al Ministerio de Relaciones Exteriores de allá.

Se levantó de su mesa de trabajo, tomó la encomienda y, visualmente, la comenzó a repasar.

-¿Viste? – le dijo a su interlocutor visiblemente molesto –. Este tipo es el que ha hecho que todos se burlen de mí. El muy atrevido hizo un sticker de WhatsApp con mi imagen y la hizo circular; ahora, ¡hasta ustedes!, me dicen “Paquito come carne” – y maldiciendo entre dientes el pobre Francisco continuó la lectura –. Este otro – se interrumpió nuevamente dirigiéndose a su fiel testaferro –. Este y su esposa vienen a las manifestaciones y se ponen a repartir empanadas. ¡Come hasta la policía! Y este que ves aquí ya se pasa de la raya. ¡Es un pseudointelectual vendido al imperio! Se cree con derecho de decir estupideces en internet porque trabaja en un canal de televisión, es profesor universitario y tiene seis libros publicados. ¡Imbécil! Porque es…

El pobre Francisco detuvo abruptamente su gastada retórica y miró a su ayudante.

-Aquí faltan nombres.

-No sé, señor, yo solamente recibí. Así me lo entregaron.

-¿Y David? – inquirió el pobre Francisco.

-Tengo entendido que son muchos y la Coordinadora no tiene certeza de cuál o cuáles vienen en la manifestación. Creo que están esperando sus siempre orientadoras directrices para tomar una decisión al respecto.

-¡Qué los incluyan a todos!

-¿A todos? – preguntó sorprendido el ayudante –. Son como siente u ocho. Está David González, David Pérez, David Rodríguez, David Álvarez, David García, David Martínez… ¡Hasta hay uno que se llama David y aunque no me sé el apellido, la gente que tenemos dentro del WhatsApp de los gusanos me dijo que le dicen “Guayabito”.

-¡Inclúyanlos a todos!

-¿Hasta el tal “Guayabito”?

-Hasta ese que le dicen “Guayabito”, no me importa. Allá en el Ministerio me están pidiendo nombres, y nosotros tenemos que darles nombres. Mientras más nombres demos, mejor nos miran desde allá. Nosotros tenemos que mantenernos acá.

-Señor, ¿a esa gente les van a dejar entrar allá?

-¿A ti te importa?

-No, señor, la verdad que no.

¡Entonces! – exclamó triunfal el pobre Francisco – ¡Si los dejan entrar o no, me importa poco! ¡Si no ven más a sus familias, me importa poco también! Mucha manifestación, muchos gritos de Patria y Vida, y no se dan cuenta de que los tengo en un puño. Allá entre quien me dé la gana, y si les dejan entrar, ¡muy fácil!, les retengo el pasaporte, y sin pasaporte no pueden viajar ni a la esquina. ¡Elemental, mi querido amigo!

-Sí, entiendo – finalizó sumiso el ayudante –. Aunque allá la situación…

-Ey, cuidado con lo que vas a decir – agregó amenazante el pobre Francisco –. No te olvides de que la culpa de los problemas de allá la tiene el bloque imperialista – y culminó su advertencia – Tenlo clarito, y adviérteselo a todo el personal si quieren seguir trabajando acá. ¿Me entendiste?

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