El pobre Francisco presenta… Capítulo IX “Velocidad”

09:00pm

La presencia de diplomáticos acreditados se hacía sentir en el afamado Centro Cultural. Dispersos por el amplio, y reconfortante, patio del lugar, respetando el protocolo sanitario establecido, intercambiaban ideas, criterios y bromas.

El inicio de la actividad, pautada para las 08:45pm, se retrasó un poco, por motivos de logística, pero “no importa. Compartamos el momento. Salud porque estamos venciendo la pandemia”, expresó, satisfecho, el representante de Canadá alzando su copa.

“Salud”, respondieron los presentes y chocaron, delicadamente, sus respectivos vasos con pie de vidrio.

09:05pm

El pobre Francisco arribó, triunfante, con el clásico atuendo que, inevitablemente, hace recordar a un proxeneta criollo de la década de los años veintes: Pantalón claro, camisa blanca, saco deportivo amarillo pálido, un sombrerito Panamá, y su gastado chiste: “¿Dónde se hacen los sombreros Panamá?”; “en Panamá”; “no, en Ecuador… Jajajajaja”.

09:15pm

Después de saludar a sus colegas y de ojear el lugar ubicando la parrilla con los apetecibles cortes vacunos, de ahí el alias de “Paquito el come carne”, se dirigió a la barra donde un alegre y dispuesto barman servía los… Pero, ¿qué pasó? ¿Qué le sucedió al pobre Francisco que detuvo en seco su marcha, y se halla detenido, estático, frente a su coterráneo?

“Ahí está de nuevo”, pensó temeroso reconociendo a su compatriota, “siempre está y ya me parece una provocación; ¿no habrá otro que contratar? En aquella ocasión me sacó fotografías de donde sacaron hasta un sticker de WhatsApp y me convirtieron en la burla de todos. Con esto me convenzo que detrás de ese gusano de los mil demonios está la mano de la CIA”, concluyó para sus adentros.

Dio media vuelta y raudo abandonó el sitio ante la sorpresiva mirada de los presentes.

“No le voy a dar el gusto nuevamente. Ese es capaz de mensajear, de avisar a los otros, de decir que estoy acá para que me hagan un acto de repudio, pero yo soy más listo que él”.

Y así el pobre Francisco se perdió en la noche.

Y así el pobre Francisco incumplió con la invitación que con antelación, y con la máxima de las cortesías, muy cordialmente, le habían extendido.

Y así el pobre Francisco continuó siendo víctima de su propio pánico.

Y así el pobre Francisco dejó de ser “Paquito el come carne” para convertirse en “El veloz Paquito el come carne”.

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