Heredia, Sabourín y los nuevos desterrados

Crecí, como todo ser humano, escuchando las historias de la historia; y, como muchos seres humanos, condené, ¡sin esperar absolución!, a muchas historias de la historia.

Aun me sobrecogen las historias de los tantos casos, innumerables, donde mis compatriotas se vieron forzados a abandonar la tierra que les dio la vida y emprender camino allende los mares por un solo motivo: Pensar diferente.

En mi análisis de imberbe lector, por ejemplo, condené, ¡condeno!, la expulsión de Cuba del intelectual santiaguero José María Heredia, iniciador del romanticismo en Latinoamérica, que por imposición del gobierno de España fue condenado al destierro en el año 1823 al constatarse su participación en la conspiración “Soles y Rayos de Bolívar”, sociedad secreta de perfil masónico, según archivos, dirigida a fomentar la independencia de la mayor isla de las Antillas.

“¡Tierra!” claman: ansiosos miramos

Al confín del sereno horizonte,

Y a lo lejos descúbrese un monte…

Le conozco… ¡Ojos tristes, llorad!

Reza un fragmento de su “Himno del Desterrado”, una de las obras más reconocidas de quien, en su momento, le fue otorgado el título de “Poeta Nacional de Cuba”.

Es el Pan… En su falda respiran

El amigo más fino y constante,

Mis amigas preciosas, mi amante…

¡Qué tesoros de amor tengo allí!

Muy triste el sentimiento de Heredia al divisar, desde la cubierta de un barco, las costas de Cuba. “Se refiere al ‘Pan de Matanzas’, lo vio a lo lejos y no pudo con la emoción”, y la aclaración de la, tristemente fallecida, profesora Miriam Cruz, de la secundaria básica “José Antonio Echeverría”, llega a mí cada vez que me enfrento a la lectura de tan encumbrada obra.

Y más lejos, mis dulces hermanas,

Y mi madre, mi madre adorada,

De silencio y dolores cercada

Se consume gimiendo por mí.

Años después, muchos años después, y estudiando la vida del patriota cubano Juan Gualberto Gómez tuve, paralelo a lo anterior, mi primer acercamiento a la biografía de Emilio Sabourín uno de los indispensables de la historia del béisbol cubano en el siglo XIX y ferviente luchador por lograr que la isla se independizara de la metrópoli.

Juan Gualberto y Sabourín tienen algo en común: Ambos fueron condenados al destierro en Ceuta, ciudad autónoma española. Juan Gualberto falleció en Cuba; no obstante, a Emilio Sabourín la muerte lo sorprendió lejos, muy lejos de su tierra querida: Dejó de existir en Ceuta, el 5 de julio de 1897, a dos escasos meses de cumplir 44 años de edad (Nació en La Habana el 5 de julio de 1893).

Solo cité a Heredia, a Juan Gualberto y a Sabourín, pero pululan los casos de destierros y exilios en la historia de Cuba. Incluso, la poeta Dulce María Loynaz, Premio Cervantes en 1992, se desterró dentro de Cuba; ella misma se condenó al exilio en su casa del Vedado.

“Finalmente el 1 de enero de 1959, con Fidel y la revolución cubana, ese flagelo se exterminó de nuestro país. Ya nadie es expulsado por pensar diferente”, y la frase de la profesora Laura*, nos impartió historia en la Escuela Interarmas de las FAR “Antonio Maceo”, tras los sucesos de los últimos meses en Cuba, la recibo como desequilibrante mazazo.

“Profe, ¿y Yunior García?, la más reciente sospecha. ¿Y Hamlet Lavastida? ¿Y Katherine Bisquet? “, pregunté en silencio a quien fuera mi docente. “Esas viejas y repudiables prácticas nunca se abandonaron, profe, indudablemente seguimos en manos de colonizadores”, fue mi respuesta.

*Laura no es el nombre de quien fue mi profesora. Le decíamos Laura Cavalganti por un personaje de la novela brasileña de turno entre los años 1987 y 1988. Si estoy en un error, por favor, ruego me saquen de dudas.

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