La crisis de los 62.000 milenios

El doctor se detuvo junto a la señora.

-62.000 milenios– se le escuchó susurrar, apenas perceptiblemente, al paciente que, tras recibir una fuerte dosis de sedantes, parecía dormitar.

Ella, con ojos tristes, dirigió la mirada al recién llegado. Segundo más tarde contempló, compasiva, a su cónyuge que permanecía horizontal en la confortable cama del exclusivo centro hospitalario capitalino.

-62.000 milenios– repitió con menos fuerza–; 62.000 milenios– murmuró cruzando los brazos sobre su abultado abdomen–; 62.000 milenios– bisbiseó apenas–; 62.000 PRRRRRRRRRRRRRRRR…

Y no terminó la frase. Los medicamentos suministrados concluyeron el efecto.

-El ingeniero estará bien. No se preocupe. Fue apenas una crisis nerviosa.

-¿Qué pudo haber sido?

-Estrés, supongo. Aunque no tendremos certeza hasta someterlo a un profundo chequeo médico.

-Él se sentía bien, pero de pronto… ¡Vaya, siento que una fuerza maldita entró a casa y lo empujó! Primero empezó a bufar como toro en celo. FFFFF… FFFF…FFFF… Luego, el bufido se convirtió en chillido… YYYYYYYYYY… Ahí le empecé a preguntar ‘Machi, ¿qué te pasa?; Machi, ¿qué te pasa?”. No me hacía caso. Como si no me conociera. Después puso los ojos en blanco, se levantó del sofá, se quitó la ropa y desnudo empezó correr por toda la casa, a dar puñetazos en las paredes, y a gritar ¡62.000 milenios! ¡62.000 milenios! ¡62.000 milenios! Me asusté mucho, doctor, nunca lo había visto así. Tuve que pasarle llave a la puerta porque quería salir gritando para la calle.

-¿Qué alimentos ingirió en su cena?

-Cenamos ligero: Sopa de champiñones, coctel de langosta; arroz frito con masitas de cerdo y camarones, todo con mucho aceite de oliva, y helado de chocolate con crema. Nada del otro mundo. Usted sabe, somos un país bloqueado y es lo comemos. Es lo que en casa se come normalmente.

-¿A qué hora sucedió?

-De madrugada pero la hora exacta no sé decirle– acotó la señora–, pero para que tenga una idea, faltaban pocos minutos para que terminara la premiación de los Premios Grammy. Yo quería ver el Premio al Álbum del Año, pero, ¡quéeee vaaaa!, fue imposible por la crisis de “Machi” y los disparates esos de los 62.000 milenios.

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