Fernando, yo sí les creo

La música de Fernando Bécquer me es totalmente ajena.

No solo la suya, sino, y que me disculpen los lectores, también las de la Nueva y Novísima Trovas. Los que me conocen, afortunadamente son muchos, saben que en lugar de ir a peñas y tertulias solía disfrutar, para preocupación de mi madre y abuela, de los conciertos en el Salón Rosado de La Tropical para bailar, infinitamente, con el ritmo de Van Van, Revé, NG la Banda u otra agrupación, así fuese enmarcada en la categoría combo de barrio, que desde el escenario hacía mover los pies.

Repito, la música de Fernando Bécquer me es totalmente ajena, no así su persona.

Lo conocí a través de su padre, el excelente locutor Fernando Bécquer, quien fuera, por fortuna, mi compañero, yo como operador de cabina, en la realización del noticiero “Agenda Cultural que a diario emite, o emitía, CMBF Radio Musical Nacional, en aquel entonces bajo la dirección de Nelson Jouvert.

Bécquer, padre, un caballero de los pies a la cabeza, siempre me habló con orgullo de su hijo, de su trabajo como trovador… “En cualquier momento te lo voy a presentar”, me dijo, y un día, de 1993, en la esquina de 23 y L coincidimos y se concretó el estrechón de manos.

A partir de esa primera vez, siempre casuísticamente, cada vez que nos encontramos, El Bécquer de Cuba y yo, el saludo estuvo acompañado de un efusivo y sincero abrazo.

Nos vimos muy poco, siempre fuera del ambiente farandulero, y, por ende, a partir de mi salida de Cuba en marzo de 2006, los intercambios, escuetos y esporádicos, se sucedieron, obviamente, redes sociales mediante.

Las acusaciones en su contra me sorprendieron. Estaba lejos de imaginar el halo maldito que describen las chicas violentadas en su más íntimo pundonor.

Dudé en creer, pero… ¿Tantas muchachas se pusieron de acuerdo para “manchar” la imagen de una figura pública? ¿Por qué motivo? ¿Qué estarían buscando? ¿Solo el hecho de atacar a un “negro defender a la revolución” tal y como, de manera insólita, dijera Raúl Torres demostrando que no tiene otro argumento para defender a su colega?

Entre las chicas denunciantes, refiero a las primeras que dieron su testimonio para “El Estornudo”, está Claudia Expósito con quien me ata una sincera amistad, desde hace aproximadamente tres décadas, a pesar de que la comunicación entre nos es prácticamente nula.

Claudia, tal y como me sucede con el progenitor de Fernando Bécquer, fue también mi compañera de labores en la radio. Desde sus inicios se unió a nuestro grupo y compartimos innumerables momentos fuera de la jornada laboral, donde siempre primó, sobre todo, el respeto y el sentido de una sincera hermandad.

Sé que Claudia no miente.

Sé que ella, y supongo sucede con las otras involucradas en el despreciable vicio de Fernando, según describen, se escuda en la veracidad de un momento imposible de extirpar de la memoria. Aunque no dudé de los otros testimonios, Claudia, y le agradezco, aportó ese ápice de confianza para que comenzara a ver la situación desde una óptica totalmente diferente.

No conozco de leyes, no tengo la potestad de acusar a nadie bajo ninguna circunstancia. Solo espero que la justicia investigue y arroje, si es que existe paliativo para tanto sufrimiento, un ápice de consuelo a ellas, mujeres víctimas de la violencia de género; esas jóvenes (Ya no tan jóvenes) que cargan sobre sus conciencias el lastre de haber sido blanco de abusos en la mocedad de sus existencias.

Sincera y dolorosamente soy del criterio de que nada va suceder.

Todo en Cuba, donde no existe un Estado de Derecho, queda bajo el manto de la impunidad, más aún, si el depravado (El que alega que solo cree en la revolución) está protegido, además, por un parlamentario.

Se impone, se IMPONE, que El Bécquer de Cuba ofrezca una explicación lógica al lodo que lo embadurna. Acudir a su condición revolucionaria, desconocía también su identificación con el proceso, es tan simple (Simple no sencillo) como risible. Él lo sabe, lo sabe bien, pero también sabe que la mano de Raúl (Torres no Castro) es dadora del fueron que necesita para continuar campeando libremente.

No obstante, puede existir la impunidad pero para “El Bécquer de Cuba” ya nada seguirá siendo igual. En este caso la gastada frase “está cavando su propia tumba” funciona desde el momento en que la situación tomó matices públicos.

Fernando, yo sí les creo. No solo a Claudia, les creo a todas.

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