«¿Tuviste COVID? ¿Fue COVID-19?»

Puedo decir que vencí a la COVID-19.

Si bien el coronavirus que «me tocó», por así decirlo, resultó muy leve; para nada comparable con la experiencia desgarradora de otros pacientes, me investí de equino y le propicié una fuerte coz en los glúteos a la enfermedad que azota al mundo desde hace dos años.

Un poco de fiebre, desapareció menos de 24 horas después del diagnóstico POSITIVO, fue el único síntoma que sufrí; no obstante, como lo establece el protocolo, tuve que recluirme una semana en casa.

Para poner en contexto tengan en cuenta que el protocolo, en Paraguay los vacunados se aíslan durante siete días y los no inmunizados diez, por lo que estuve obligado a acatar, disciplinadamente la disposición del Ministerio de Salud, fomentada, también de manera estricta, por mi esposa y mi suegra, que me cuidó como el hijo que no tiene.

En ese lapso, insisto en lo leve de mi COVID, pude cumplir con parte de mis labores en el canal, además, de leer, ¡como un condenado!, y de revisar, minuciosamente, «Yo vine remando», mi novela en proceso de edición.

Ayer jueves, 27 de enero, salí al exterior finalmente y me reincorporé a mis funciones habituales en UNICANAL; al concluir la jornada, y con órdenes precisas de Lichy, mis ¾ de cítrico, de desviar el rumbo para dirigirme al supermercado y comprar avituallamiento para el hogar.

«Compra lo necesario. Arroz, verduras varias, naranjas, pan, queso, café, jamonada…». «Menos que es poco», pensé irónico, pero como donde manda general el soldado no cuenta…

Suelo ser muy torpe cuando se hacer supermercado se trata. En ese momento todo se me confunde y, por misterios que no logro entender, todo se me hace más difícil.

Estaba muy ensimismado en hallar la encomienda de Lichy cuando…

-¡Cubanooooo!

Oí con marcado acento porteño. Levante la vista y…

-¡Asere, qué vuelta! ¡Hermano mío!

Delante de mí estaba «El loco», gran amigo argentino. Tras el saludo de puños, como impone la contemporaneidad, iniciamos una animada plática que estaba pendiente, si mi memoria no me traiciona, desde mucho antes de la pandemia.

-Boludo, leí en tus redes que tuviste COVID.

-Sí, compadre, tuve COVID – le respondí –. De hecho hoy es el primer día que salgo a la calle después del aislamiento.

-Che, ¿tuviste COVID? ¿Fue COVID-19?

Lo miré sin entender. Por un rato pensé que me estaba haciendo una broma, pero no. Su rostro me transmitía una extrema preocupación. A pesar de todo, tomé a broma lo que escuché.

-No, no fue COVID-19. Creo que como fue muy leve debió hacer sido COVID-10 o COVID-11.

-Pero, ¿hay COVID-10 y COVID-11?

Lo volví a mirar atónito.

-Ven acá, ¿tú estás hablando serio?

-Claro, hermano, me estoy preocupando por ti.

-Es que el único COVID que yo conozco es el COVID-19, si hay otro…

Ahí se echó a reír.

-Boludo, estoy hablando de ómicron. Qué tonto soy. ¿Tuviste ómicron o delta?

No tuve más remedio que carcajear junto a «El loco». Unos minutos más nos despedimos tras repetir el choque de puño.

-No importa que COVID haya sido, lo importante es que estás bien.

Le agradecí su preocupación y me alejé para seguir buscando los productos encargados.

-Así, hermano – pensé –. Lo importante es que le di una patada al coronavirus, por ahí, por donde tú sabes.

Y continúe en lo mío. Bien concentrado, porque una equivocación en la compra…

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