Sin remo y a la deriva

Resido allende las fronteras cubanas hace 16 años.

Un proceso doloroso, sería una estupidez no reconocerlo, que me ha enseñado a vivir; a convivir con diversidad de criterios, y, sobre todo, respetando aquellos que por antonomasia se proyectan diametralmente opuestos a los míos. He aprendido, además, que en una sociedad, en cualquier sociedad, el amor al prójimo se prioriza ante cualquier tendencia ideológica.

He seguido muy de cerca todo lo que atañe al Festival San Remo Music Awards que se debe de celebrar en Ciudad de la Habana entre los días 5 y 10 de abril próximos. Evento que, con bombos y platillos y más sombras que luces, lidera Liz, la amantísima esposa, usando una frase bien cursi y manida, del ingeniero Miguel Mario.

Primeramente, no le hallo lógica a la realización de un festival en momentos en que nuestra querida isla se encuentra inmersa en una crisis extrema (No solamente debido a la pandemia que por la COVID-19 azota al mundo, sino por las falencias existentes, palpables, en los rubros económico, político, social…); y en segundo lugar, me resulta incomprensible cómo anuncian – también con bombos y platillos – a figuras del escenario mundial y, escasos días después, tras la renuncia de estas a participar se contradigan denostándolas, alegando que “prácticamente” son desconocidas y que para nada es necesaria su intervención en tan magno evento.

Si tan irrelevantes son… ¿con qué objetivo fueron convocados? ¿Antes sí, después no? ¿Tras la desconvocatoria el ingeniero acusó su “buen gusto musical” y por eso dio la orden de despotricar contra los artistas en un vano intento de poner en duda la excelencia que les caracteriza?

Lo más llamativo es que muchos afectos al ingeniero y a su cónyuge repiten, repiten, y repiten el mismo ridículo discurso.

En parte entiendo que no les queda otra opción que «echar mano» a la doble moral.

Alex Ubago, Kalimba (De padre cubano), Andy y Lucas… y cualquiera que decida bajar el pulgar a la convocatoria está en su derecho de hacerlo, a pesar de que la negativa derive en la desaparición de todos, ipso facto, de los medios cubanos de difusión masiva (Como le sucedió al salsero venezolano Oscar D’ León, ¡mi ídolo!, después de su incursión en los escenarios cubanos en el mes de diciembre de 1983).

«¿Para qué? Si son pagados por la mafia de Miami y vendidos al imperio», e imagino los dimes y diretes vacuos, insulsos e injustos.

¿No quieren seguir el juego a una obsoleta dictadura? ¿Reaccionaron y eludieron, sin dobleces, a presentarse en la capital cubana? ¿No quieren ser parte del show del régimen?

¿Y?

Están en su pleno derecho de hacerlo y de esgrimir las excusas que se les antoje. Si el gobierno cubano cierra las puertas a sus compatriotas… ¿por qué del enojo versus figuras internacionales?

¿Son figuras internacionales?

Aunque no soy consumidor de sus facturas musicales, la salsa es mi vida, sí los considero como tal. Mi discurso para con ellos (Me refiero a Alex, Kalimba, Andy, Lucas, Raúl Paz…) seguirá siendo el mismo y les aplaudo la decisión. ¿Por qué no hacerlo? Convertirse en simpatizante de Liz y Miguel Mario no es mérito para ningún ser humano que se considere amante de la democracia.

Veinte años atrás la farsa del gobierno cubano, quizás, se hubiese concretado pero han transcurrido dos décadas en el que hubo un 11 de julio; día en que la represión, la censura, los abusos de poder, las violaciones de los derechos humanos provocaron que la visión del mundo fuera diferente hacia nuestra querida isla caribeña.

La conclusión es sencilla: el Festival San Remo Music Award cubano está sin remo y a la deriva.

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