“El ángel y El Creador”

Continúa la ascensión y el ángel de ébano se alista para el encuentro con El Creador.

Su piel – negrísima – contrasta, a la perfección, con la pureza de su ropaje.

-Coincidentemente los ángeles siempre visten de blanco – piensa mientras esboza su eterna sonrisa.

Continúa la ascensión y, mientras, almas entristecidas y desconsoladas se aferran a la resignación, sus recuerdos se suceden en pronta cronografía empalmando imperecederos tropos: “Coquito” – la inspiración –, Santiago de Cuba, Odalys, Belgrado, Driulis, Barcelona, Legna, Atlanta, Dayma, La Habana, Ronaldo…

-Alguien parte definitivamente cuando es condenado al olvido – susurra.

Concluye la ascensión.

Ahí está él.

Se ajusta el fajín – tan negrísimo como su piel – que engalana sus caderas y emprende la marcha, lenta y  acompasada.

Detiene el andar. Eleva la vista e inclina la cabeza.

-Rei – expresa, como tantas veces, como muestra de respeto, cortesía, agradecimiento.

-Rei – responde El Creador.

-Gracias, sensei Jigoro.

-Nada que agradecer – acota El Creador. Y tras un deferente abrazo, afirma: – Bienvenida, ya sabes tu lugar en la historia.

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