«¿Éxodo?»

El ingeniero miró al periodista.

-Tenemos problemas es cierto, pero, por ejemplo, el país ha experimentado avances significativos en la agricultura. A este paso le puedo asegurar que en poco menos de un año podemos exportar las papayas que se cultivan en las tierras fértiles de Bacuranao, en el este de La Habana. Muchas tienen cuarenta libras.

El periodista miró al ingeniero.

-Señor presidente– dijo acopiando paciencia–, aún no responde a mi pregunta.

-Pero, ¿qué gobierno en el mundo se preocupa por la cantidad de perros calientes, picadillo de soya, masa cárnica que se le distribuye equitativamente a la población? Ahora estamos haciendo llegar a los núcleos familiares tripa de ganado, ¡Escuche bien, tripa de ganado!, demostrando la nobleza y el esfuerzo mancomunado que hacen todos los factores gubernamentales por nuestro pueblo. Los que han cocinado aseguran que con ese nuevo producto se pueden cocinar platos exquisitos. Seguro escuchó la propuesta de García, hace unos meses, uno de nuestros más antiguos líderes sobre comenzar a criar jutias y avestruces a grandes escalas para reforzar en el país el consumo de proteína animal. Y como aporte mío, descubrí que el limón es la base de todo, la base de todo, la base de todo, y vamos a llenar la isla de refresco de limón. ¡Muy nutritivo! Entienda que si fuésemos a aplicar lo que plantea el neoliberalismo esto sería sálvese quien pueda.

-¿Usted se está burlando de mí?

-¡Ya le he dado dos respuestas!

-Mi pregunta es otra.

-Repítala a ver si lo que digo le satisface– acotó el ingeniero–. Ustedes los de la prensa internacional siempre quieren buscarle la quinta pata al gallo.

-En ese caso sería al gato– enmendó el periodista–, la quinta pata al gato porque el gallo solo tiene dos patas– y prosiguió irónico–, a no ser que su país esté tan avanzado en investigaciones que al mismo tiempo que produce papayas de cuarenta libras logre el nacimiento de aves de cuatro patas.

-Repita la pregunta. Usted me está confundiendo seguro que está pagado por el imperio– concluyó el ingeniero visiblemente molesto.

-Me paga mi medio de prensa.

-Repita la pregunta.

-Quiero que me hable sobre el descontento que hay en su país. Sobre el éxodo masivo.

-No hay descontento, señor, ni tampoco éxodo masivo ¿de dónde saca eso?– y demostrando una paupérrima capacidad retórica repitió lo mismo de tantas veces–: No se le olvide que vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre, en esta tierra, en este instante. ¡Soy feliz porque soy gigante!

-¿Y el éxodo a Nicaragua?

-¿Éxodo? No hay éxodo a Nicaragua, señor, no insista. Nosotros con el gobierno de Managua firmamos varios acuerdos bilaterales y de intercambio. En el caso específico que usted refiere y muy malintencionadamente pretende llamar éxodo, es una delegación de vulcanólogos que fue enviada, precisamente, a estudiar las erupciones…

-¿A quién va a engañar?– interrumpió el periodista–. ¿Son vulcanólogos que después van a Estados Unidos?

-Precisamente a cursos de superación.

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