Monólogo para un futuro: «Somos continuidad»

Yo no hice nada, o al menos eso pienso.

Lo que dije en la Mesa Redonda fue porque lo sentía y se tomó a mal. «Embistiendo muere el toro más digno que en matadero» es uno de los refranes que recuerdo de mi abuela y fue mi recomendación al ingeniero para que siga luchando por la revolución y ya usted me ve haciendo esta fila de personas insolventes para ver si alcanzo algo del almuerzo que reparten en este comedor.

Unos me acusaron de repetir lo que dice Willy Chirino en una canción, otros que al mencionar la palabra TORO yo estaba insinuando que el ingeniero es un «tarrú», un cornudo, porque su esposa lo engaña.

«¿A usted le paga la CIA o el gobierno de los Estados Unidos? ¿Usted está al servicio del imperio? No trate de darme explicaciones porque lo hizo es injustificable. ¿Quiere que le diga algo? A mí nunca me gustó eso de que su padre trabajaba para los gringos porque de alguna forma sabía que en su cabeza las ideas capitalistas saltaban de alegría. Una vez lo comenté y me dijeron que no, que usted era una revolucionaria íntegra y ya ve. La vida me dio la razón».

El coronel que me citó repetía lo mismo, y lo mismo, y lo mismo… en tres horas de entrevista no me dejó hablar.

«Usted trabaja para la CIA, a usted le paga el gobierno de los Estados Unidos. Usted ofendió al ingeniero. Usted puso en duda la moral de la esposa del ingeniero. ¡Cómo se le ocurre afirmar lo que los enemigos de la revolución se la pasan cacareando de la esposa del ingeniero! Usted dejó entrever que es de piernas flojas y que tiene sexo hasta con los choferes del Consejo de Estado».

¿De verdad cree que yo haya querido decir eso? El ingeniero, su esposa y yo éramos uña y carne. Nos decían los inseparables. Me cansé de compartir con ellos en fiestas, banquetes, recepciones. Los defendí hasta lo imposible y me enorgullecí repitiendo eso de «somos continuidad».

Hace casi un año me desaparecieron, como se dice por ahí, y le juro que nunca antes yo había tenido tanta necesidad económica. Porque, y lo comprobé, los que antes me saludaban, me llamaban tanto para hacerme invitaciones como para pedirme favores, ahora ni me conocen.

Trato de comunicarme con ellos, de saludarlos y no me atienden. O me cortan la comunicación o me dicen que los llame después porque están ocupados; y cuando los llamo más tarde entonces no me atienden.

Caí en desgracia, pero lo más doloroso es que nunca pensé que iba a caer en desgracia. Nunca pasó por la cabeza estar en esta situación. Yo que me codeé con las más altas esferas de este gobierno, ahora lucho un poco de chícharos con mucha agua y sin sal, un par de bolas de un pegote parecido al arroz blanco y un huevo duro.

Bueno, lo más doloroso no es eso, sino que nunca hice caso a las denuncias de la gente, de mucha gente, que hace muchos años están como estoy yo ahora.

Acusaba públicamente de agentes de la CIA a los que denuncian la crisis de este país por la incompetencia del gobierno hasta que me tildaron a mí de lo mismo. Por congraciarme con la cúpula del ingeniero ayudé a destruir a varios colegas de la radio y la televisión y me destruyeron a mí.

Dejé de ser continuidad.

Sí porque continuidad son los de gobierno que viven a su antojo desde hace más de sesenta años, ustedes lo de a pie… perdón, no me mire así, es la costumbre. Rectifico, para nosotros los de a pie eso de la continuidad no existe.

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