«Pepito, el de los cuentos», Cuba y los espermatozoides

El tiempo pasa e indefectiblemente todos envejecemos.

Somos niños, luego adolescentes, sin darnos cuenta nos convertimos en adultos, y ya ancianos, con nuestros sueños cumplidos o no, aguardamos con paciencia que la señora de negro y guadaña venga a buscarnos.

Así nos sucede. A todos sin excepción.

¿Recuerdan a Pepito? Sí, ese mismo, el de los cuentos. El que a tantas y tantas generaciones de cubanos ha hecho reír… bueno, como les cuento y no es cuento, Pepito creció, y aunque no maduro mucho– ya se darán cuenta por qué lo afirmo–, a golpe de sacrificios pudo concluir estudios universitarios y convertirse en un afamado periodista.

«Informó, Pepito, el de los cuentos», «reportó, Pepito, el de los cuentos», «soy Pepito, el de los cuentos, desde la misión “Barrio Adentro en la República Bolivariana de Venezuela»… y así, el gran Pepito, el protagonista de miles de historias, obtuvo no solo fama sino una sólida reputación por su manera de informar– informar a lo Pepito, el de los cuentos–, muy característica de una persona tan peculiar.

«Aunque no entendí absolutamente nada, tuve el privilegio de transmitir para el pueblo de Cuba las palabras finales del Congreso del Partido del Trabajo de Corea del Norte en la voz de su presidente Kim Jong-un, gran líder, hijo de un gran líder y nieto de un gran líder. Desde Pyongyang informó para el sistema informativo de la televisión cubana, Pepito, el de los cuentos».

Ese fue su primer error, aunque, asombrosamente, apenas recibió un jalón de orejas.

«Espero que no suceda más. Te recuerdo, Pepito, que te has convertido en un joven revolucionario y la etapa donde eras el hazmerreír de todos por tus diabluras quedó en el pasado. No te vamos a sancionar porque, si bien tú no entendiste lo expuesto por el compañero Kim Jong-un, el compañero Kim y su buró político tampoco entendieron nada de lo dicho por ti. Te repito, espero que no suceda más».

Las palabras del superior regresaban a cada rato a la memoria de Pepito, convirtiéndose en el freno para nuevas ocurrencias.

Pero después de un día viene otro, y otro y otro… y Pepito, que aparentemente había olvidado su escaramuza en tierras asiáticas, fue enviado como cronista a un evento sobre demografía cubana en el Palacio de las Convenciones de La Habana.

Fueron tres días de intensos debates en los que Pepito ofreció a la teleaudiencia del país los pormenores del evento. Fueron tres días, repito, donde el sagaz comunicador puso de manifiesto toda su maestría.

El tema de la primera jornada de debates estuvo centrado en la disminución de la natalidad en Cuba, la segunda versó sobre la negativa de las mujeres en Cuba en embarazarse y, por ende, traer al mundo a un nuevo integrante, y el tercer día… ¡el tercer día fue la debacle de Pepito el de los cuentos!

«Gracias, colegas del noticiero nacional de televisión por este contacto en vivo. Soy Pepito, el de los cuentos, desde el Palacio de las Convenciones de la Habana. Como todos saben hoy culmina un evento que ha llamado la atención sobre la demografía en Cuba. Mucho se ha debatido, mucho se ha conversado, especialistas de primer nivel han expuesto ponencias. Y en el epílogo de este cónclave puedo hacer una observación. Si las mujeres en Cuba no quieren embarazarse, si la natalidad en Cuba a caído a niveles bajísimos, entonces la observación que puedo hacer es que además hubo un éxodo de espermatozoides a Nicaragua y por eso en este país…».

Cortaron la transmisión en vivo y no se sabe dónde tienen recluido a Pepito, el de los cuentos: si en la temida Villa Marista o si en el hospital psiquiátrico de La Habana.

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