López Calleja, ¿la versión cubana de Leonid Ilich Brézhnev?

Tendría yo unos nueve o diez años cuando, a quemarropa, le dije a mi padre, con aspaventoso convencimiento, que yo en algún momento de la historia sería el Ministro del Interior en Cuba.

Alberto Damián– uno de los lectores más adictos que he conocido–, abandonó por unos segundos la historia que le atrapaba, me miró por encima de sus anteojos, serio pero con burla contenida, y espetó solo una palabra: «inténtalo».

Di media vuelta y encaminé mis pasos orgulloso.

«Si mis padres son glorias de la cultura cubana y en mi familia hay periodistas, médicos, enfermeras, todos reconocidos. Yo no seré menos».

Así era mi pensamiento, así era mi certeza.

Tiempo después, con cinco lustros de vida y exactamente el 23 de agosto de 1984, y aupado por aspiraciones bélicas y castrenses– frustradas  muy rápidamente–, matriculé en la Escuela Militar «Camilo Cienfuegos» de Capdevila.

En la institución, ¡imagínense!, se consolidó en mí el sueño de ser Ministro del Interior y, por ende, mi meta, aunque lejana, era convertirme en general, no importaba si de las FAR o el MININT, para así poder llegar a liderar la mencionada cartera de estado.

Mis paradigmas eran, sin límites, por ejemplo el general de división, y Héroe de la República de Cuba, Arnaldo Tomás Ochoa Sánchez– aún lamento su injusto fusilamiento en la madrugada del 13 de julio de 1989–; recuerdo que en 1985 tuve la ocasión, única, de conversar con el entonces general de brigada de la aviación Enrique Carreras; siendo alumno de la EMCC de Capdevila le di el parte de recibimiento en el acceso principal de la escuela durante una de sus visitas casuales a la institución ya que su hijastro era nuestro compañero de estudios– con una dicción dudosamente perfecta analizando mi condición de tartamudo– al general de brigada Samuel Rodiles Planas, quien en el mencionado lapso ocupaba el cargo de Jefe del Ejército Occidental…

Solo cité a tres, pero mucho me inspiraron también los generales Leopoldo Cintra, Ramón Espinosa, Ramón Pardo Guerra, los hermanos Senén y Julio Casas Regueiro, los también hermanos Arnold y Harol Ferrer– ambos amigos de mi viejo– o los también hermanos Acevedo González…

Sus hojas de vida me cautivaron y fomentaron mi sueño de infancia y adolescencia.

¿Me permiten una pausa?

Mi padre– como ya les comenté y muchos saben– era un adicto a la lectura, y como gran consumidor de una amplia variedad de temas se las ingeniaba para adquirir la revista SPUTNIK; algo así como la variante soviética del READER’S DIGEST estadounidense.

Creo que todos leímos SPUTNIK, y creo que en la memoria de todos está la portada de una de las últimas ediciones que circuló en Cuba: mostraba un gran sofá con cuatro órdenes de Héroe de la Unión Soviética y en uno de los artículos cuestionaba, muy duramente las distinciones entregadas a Leonid Ilich Brézhnev– fallecido en 1982–, presidente de la URSS entre 1966 y la fecha de su deceso.

El periodista– del que no recuerdo el nombre– ponía también en dudas el otorgamiento al ex secretario general del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) del grado de Mariscal, el máximo en el ejército de la URSS.

El autor del material ponía al descubierto que Brézhnev no tenía méritos para haber sido condecorado ¡en cuatro ocasiones! con la orden de Héroe de la República ni para, mucho menos, ostentar el grado de mariscal y ubicarse en el mismo rango de Gueorgui Zhúkov, Aleksandr Yegórov– una de las víctimas, a finales de los años treinta, del despreciable Iósif Stalin– y Kiril Meretskov grandes estrategas castrenses cuyos nombres están entronizados en la historia militar de la humanidad.

A través de SPUTNIK nos enteramos de que el currículum vitae del admirado Leonid Ilich Brézhnev, otro egregio ejemplo de culto a la personalidad, era una verdadera farsa porque, según la portada de esa edición, desde la comodidad de un mullido sofá se había hecho de méritos y, así, ubicarse, injustamente, en un lugar cimero en los anales del orbe.

¿Me permiten otra pausa?

Ayer, sorpresivamente, falleció Luis Alberto Rodríguez López Calleja y… disculpen, digo bien: ayer sorpresivamente falleció el GENERAL DE DIVISIÓN Luis Alberto Rodríguez López Calleja.

Su nombre, su nombre completo, y graduación militar eran muy mencionados en temas que atañen a la primerísima rosca del régimen cubano.

Ayer murió y enseguida comencé a investigar sobre su hoja de vida militar.

«Su carrera tiene que haber sido admirable para haber merecido los grados de general, primero de brigada y luego de división», pensé.

Pero no.

Lejos de su supuesta habilidad para las matemáticas y dotes de empresario– no las niego pero tampoco las afirmo, porque no me constan– solo se lee que cumplió misión internacionalista en la República Popular de Angola en 1990.

En 1990, el ahora fallecido Luis Alberto Rodríguez López Calleja– hijo del general Guillermo Rodríguez del Pozo y ex yerno de Raúl Castro Ruz, general de ejército y presidente de la República de Cuba entre los años 2008 y 2018– era un joven de treinta años; y si López Calleja cumplió misión en la nación africana, repito en 1990, solo estuvo hasta 1991 cuando culminó el retiro de la tropas cubanas de ese lejano país.

¿Y entonces?

Hice la pregunta en varios foros: ¿qué méritos tuvo para alcanzar los grados de GENERAL DE DIVISIÓN del ejército cubano? Las respuestas fueron tan disímiles como risibles: «era un gran revolucionario», «era asesor principal de Díaz Canel», «la historia solo la hacen los hombres», esta excusa no tiene ni pies ni cabeza, «gordo, pero ¿no te das cuenta? Ese corrupto descarado estuvo casado con la hija de Raúl», esta acotación sí tiene pies y cabeza…

Nada ni nadie, hasta el momento, me ha dado buenas razones para convencerme de que Luis Alberto Rodríguez López Callejas hizo historia para convertirse en GENERAL DE DIVISIÓN.

Sé que los tiempos cambian, las circunstancias, nacionales e internacionales, no son las mismas y los honores son otros, pero, ¡por favor!, que alguna persona docta me saque de dudas porque, voy a seguir comparando, ¡indefectiblemente sin otra alternativa posible!, a Luis Alberto Rodríguez López Calleja con Leonid Ilich Brézhnev.

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