«La embajada tiene que ser muy cobarde para tener miedo de ustedes»

Cuba nos une en extranjero suelo,

Auras de Cuba nuestro amor desea:

Cuba es tu corazón, Cuba es mi cielo,

Cuba en tu libro mi palabra sea

José Julián Martí Pérez

Anoche, a pesar de la baja temperatura acompañada, por demás, de una exigua y molesta llovizna, nos convocó el deber patriótico.

Era lo menos.

Doce meses atrás, exactamente, la fecha del 11 de julio de 2021 trazó un antes y un después en la historia cubana de los últimos sesenta y tres años: el desencanto popular provocó que el pueblo se lanzara a las calles, en varios puntos de la geografía de la isla, EXIGIENDO LIBERTAD.

Un año después de los sucesos del 11J nos dimos cita e intentamos concentrarnos frente a la sede de la embajada cubana en la capital paraguaya– actualmente se ubica en la calle Abelardo Brugada N°888 casi Avenida Brasilia, Barrio Jara, Asunción.

¿Intentamos?

Sí, lo intentamos porque los señores de tan «ilustre» sede diplomática que nos «representa» muy «dignamente», algo que «enorgullece y emociona», lo impidió bloqueando los dos accesos de la vía donde se erige con cercos de metales y policías.

No obstante al impedimento– irrisorio, mezquino, grotesco… como acostumbra el «insigne» embajador Francisco Fernández Peña, alias «Paquito Come Carne», como lo bautizara gran parte de nuestra comunidad en tierras guaraníes– cumplimos nuestro cometido: entonamos el himno con la solemnidad correspondiente– «Al combate corred, bayameses…» se escuchó bien alto, citamos canciones, el doctor Orestes Menéndez leyó unas emotivas palabras de su autoría, recordamos a los hermanos Ruiz Urquiola, le hicimos saber al grupo de agentes del orden y a la ciudadanía en general el por qué de nuestra presencia en el lugar…

Todo bajo los cánones del respeto, la disciplina y el patriotismo.

Lo llamativo sucedió en el momento de despedirnos.

Tuve el empeño, muy justo, de agradecer y felicitar al cuerpo policial– puñito de por medio como exige la contemporaneidad–, por el estricto cumplimiento de la misión encomendada– ellas y ellos no tienen culpa de la cobardía de «Paquito»– y por la paciencia en escuchar atentamente nuestros reclamos.

En el adiós me hizo reflexionar una frase dicha por un joven uniformado que demuestra el temor que prima en la sede diplomática de Cuba en Paraguay: «La embajada tiene que ser muy cobarde para tener miedo de ustedes».

«¿Te diste cuenta?», le contesté, «así son ellos».

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