Ni culpo a los jugadores, ni culpo a Carlos Martí

No hay dudas del descalabro de la representación cubana equipo– Granma, Campeón Nacional, reforzado– en la Semana Beisbolera de Harlem.

Cinco derrotas en igual cantidad de salidas al diamante sellaron la malograda actuación cubana en el evento. Los nuestros sucumbieron ante Países Bajos (5-1)– nos tiene tomada la medida desde los Juegos Olímpicos de Sidney’ 2000–, Japón (4-3), Estados Unidos (2-0), Curazao (1-0) e Italia (2-0), con marcadores que demuestran una pobrísima ofensiva– tres lechadas en cinco juegos representan el 60% de los partidos sin poder anotar carreras.

He leído en los foros virtuales un sinnúmero de comentarios dirigidos, groseramente, hacia Carlos Martí– a quien catalogo como «El caballo de los caballos»– y los jugadores. Criterios ofensivos, rebosantes de un marcado odio sideral, sin argumentos de un análisis previo.

Ni culpo a los jugadores, ni culpo a Carlos Martí.

Para los «Alazanes», reforzados, mis respetos; aunque viajaron a los Países Bajos con peloteros importados de otras selecciones que participan en la Serie Nacional, tienen el mérito de ser los titulares de la última edición– suman cuatro desde 2017– y nada ni nadie puede empañar el logro.

Solo un detalle: el equipo que viajó a la Semana Beisbolera de Harlem es el reflejo de la calidad de la pelota– o «gato viejo» – que se juega en Cuba.

Cualesquiera de las dieciséis selecciones que toman parte en el torneo cubano– entiéndase CUALESQUIERA, e incluyo a mi equipo capitalino– no lo hubiera hecho mejor.

Duele decirlo, pero la calidad del béisbol en Cuba es mediocre. Aún se juega «al batazo» sin la concreción de jugadas , por ejemplo, en función de la ofensiva… en los play off final– además de la ausencia de buenos pitchers, excelentes bateadores y con Guillermo Carmona como uno de los máximos exponentes– pude apreciar estrategias descabelladas que pusieron en duda las enseñanzas de los entrañables Venancio Perdigón y Domingo Perdomo, mis «profes» en los terrenos de béisbol de Ciudad Escolar Libertad.

Ahí está el resultado de los errores, del poco desarrollo y, en gran medida, de que prime, en el instante de seleccionar a los jugadores, el criterio del falso patriotismo revolucionario sobre la calidad beisbolera.

Lo que sucedió en Harlem es preocupante.

Si bien es cierto que Granma no es la selección cubana, también lo es que los contrincantes non asistieron, ni por asomo, con sus principales figuras. No era necesario, la lid no lo exigía.

Lo que sucedió en Harlem es preocupante, reitero.

Estamos a las puertas de un Clásico Mundial y si en la isla continúan aferrados al dogma de no aceptar a peloteros que participan en ligas foráneas– incluyo a los que integran equipos en la «Gran Carpa»– vamos a presenciar un descalabro mucho mayor.

Denle la posibilidad, si aceptad o no es también un criterio no condenable.

No importa, y es mi criterio, si decidieron residir fuera de las fronteras de la isla abandonando, selecciones o preselecciones, o si se refirieron en «malos términos» a la revolución– a los dirigentes les recuerdo que la libertad de expresión no es delito ni motivo para cerrar puertas–; lo importante es recuperar, aunque lentamente, el prestigio del béisbol cubano a nivel internacional.

No haber ganado un partido en Harlem es preocupante, en extremo preocupante.

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