Marrero, «El bello durmiente del discurso»

Es insoportable tener que permanecer en un lugar determinado dominado por el sueño.

A todos nos ha sucedido, me atrevo a asegurar, y la situación empeora si la presencia se mantiene en contra de nuestra voluntad. Tuve ese tipo de experiencias en las escuelas donde estudié– sin excepción– en mis centros laborales, en invitaciones a cenas nocturnas… ¡en fin!

Sin embargo, ¡y por fortuna no he sido blanco de una circunstancia similar!, hay momentos en que aunque el sueño se empeña en vencer, la persona está en la obligación de salir victoriosa en la pugna.

Tuve una profesora de idioma ruso, en el nivel preuniversitario, que dormitaba mientras aplicaba ¡un examen oral!– increíble, ¿cierto?–; otro de mis docentes, específicamente en el Instituto Superior de Arte de Ciudad de la Habana, cabeceaba si se sentaba impartiendo los conocimientos– insólito, ¿cierto?–; un reconocido periodista de la radio cubana, y mi queridísimo hermano «Pepito» Ciérvide no me va a dejar mentir, se rindió en los brazos de Morfeo mientras una orquesta en vivo sonaba, ¡SONABA!, en el estudio número uno de Radio Progreso…

Ejemplos hay miles.

A través de mis cincuenta y tres años he podido divertirme con personas que han caído rendidas a la vista de todos.

Los ejemplos, repito, son innumerables y se difuminan en el tiempo.

No recuerdo el primero que he podido apreciar desde el 27 de junio de 1969, pero sí el último: durante un acto en Managua, capital de Nicaragua, por el aniversario 43 de la victoria del sandinismo sobre la dictadura de Anastasio Somoza, Manuel Marrero Cruz, flamante primer ministro cubano, a todas luces– tal y como se observa en video– sucumbió ante la tradicional aburrida verborrea de Daniel Ortega, y, utilizando términos pugilísticos, cayó de «bruces en la lona», como si hubiera recibido un fuerte gancho a la mandíbula propinado por Mike Tyson.

¿Estaría aburrido? ¿Se encontraba ebrio? ¿Lo habrán sacado, a empujones, de un suculento banquete directamente para la tribuna y la digestión se adueñó se su persona?

Tuve pena del dirigente cubano porque, y no lo pude evitar, me imaginé cuatro difíciles situaciones en medio de la escena.

Daniel Ortega arengando, Manuel Marrero dormitando y…

RONQUIDOS

Aprecio que hubiese sido lo más leve. Dejar escapar un par de ronquidos no sería delito alguno. Ortega y su blablablá y, de fondo– no muy musical que digamos–, Marrero, cabeceando, expeliendo baba por la comisura de uno de sus labios y RRRRR… RRRRR… RRRRR…

Una pizca de humor le hubiera venido al acto de maravillas.

FLATOS

A la edad de Marrero– cincuenta y nueve años cumplidos el pasado 11 de julio– los esfínteres comienzan a jugarnos malas pasadas, sobre todo si a ventosidades estomacales se trata.

En ocasiones mi esposa, y soy sincero, aún en el tálamo nupcial, me recrimina que apenas pudo dormir por la hediondez de mis flatulencias. «Un día de estos me voy a intoxicar», expresa mientras yo, evocando a Poncio Pilatos, ofrezco disculpas siempre recordando que «estaba en el quinto sueño».

Pero vuelvo a Marrero y su «pesca» en Nicaragua.

Otra vez reproduzco la imagen de Ortega micrófono en mano, el primer ministro cubano en su vana lucha contra el sueño, babeando, y no de la admiración, dejando escapar sus PRRRRR o sus FFFFF… y los pertenecientes al rincón «VIP» revolucionario buscando «salir a la superficie» como cetáceo en el océano.

PESADILLAS

Esta sí es peligrosa.

Mi madre suele despertar gritando en medio de la madrugada pero no sería igual a la repercusión de las de Marrero en el acto sandinista.

Reproduzco la película.

Ortega dándole a la sinhueso, Marrero dormitando, babeando, presentes los PRRRRR o los FFFFF y de pronto, a todas voz se escucha… «AHHHHH… CÁLLATE IDIOTA», «OYE, OYE, OYE… VETE A LA…», «EHHHHH… DÍAZ CANEL…»…

Una pesadilla de esa magnitud estaría convertido en EX PRIMER MINISTRO CUBANO y al minuto tiene que pedir asilo político en Managua.

SONAMBULISMO

Otra de las peligrosas.

Aquí si no importa babearse, o expeler flatulencias – esas de PRRRRR o de FFFFF– ni gritar… demostrar sonambulismo en medio de ese discurso le puede costar la vida a cualquiera: Marrero en sus sueños se pone de pie y, con los brazos extendidos arquetipo del camina dormido– va hacia Daniel Ortega y lo toma por el cuello.

Al otro día los titulares de los diarios en todo el mundo: «Tras intento de estrangulamiento la escolta presidencial de Daniel Ortega acribilla al primer ministro de Cuba Manuel Marrero Cruz».

Ay, Marrero, cualquiera se queda dormido pero… nada, pasaste a ser «El bello durmiente del discurso».

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