«¡Ni a la policía le interesa!»

Denis Loynaz no es agente de la CIA ni recibe financiación de la «mafia de Miami».

Hijo de Gilma y Arnelio, Denis «El chiquito»– calificativo al que apelamos para no confundirlo con Denis Suárez o Denis «El grande»– es de los hermanos que la vida puso en el camino de quienes crecimos dando guerra en la calle 84-4 entre 41 y 43, reparto Santa Felicia, del municipio habanero de Marianao– el mismo que está en boca de todos tras un material emitido, erróneamente, por el canal HABANA en el que describe a una urbe a la par de Dubái, París, Oslo o Sídney.

Denis, desde hace unos años, reside en La Florida, Estados Unidos, pero no le son ajenos los problemas del terruño que– en su caso– lo adoptó desde 1978.

Hace apenas una semanas, Denis, visitó el barrio.

Fue una petit estancia, apenas cuatro días, en los que disfrutó junto a su familia, compartió con los vecinos de siempre y recorrió las calles del reparto, ¡tristemente destruidas!, acción obligatoria que acerca, aún más, a las raíces.

«El barrio es otro. ¿Tú recuerdas los “cuatro esquinas” de la de 86 y 43? Bueno en esas bocacalles apenas se puede caminar. Basura por todos lados… ¡da asco en lo que se ha convertido ese barrio que era muy lindo y pintoresco. Pero si preocupa el estado de las calles y la basura, hermano, el espectáculo que se da en la en 84-A y avenida 41 es denigrante. Y lo más lindo es que ni a la policía le interesa».

Ahí están los videos. Los videos filmados por Denis, teléfono mediante, un hijo dilecto del Santa Felicia que solo pide, para su tierra, paz y prosperidad.

Todo ocurre madrugada tras madrugada, desde, aproximadamente, las 01:30 y hasta, minutos más o minutos menos, las 05:00.

Comienzan a concentrarse motociclistas y convierten la avenida en una pista de competencias. La esquina de 41 y 84-A se trastoca en tierra de nadie; en el lapso comprendido desaparecen las leyes, si es que rige alguna, y comienza a primar el libertinaje, el «lo hago de a Pepe»– lo hago porque me da la gana– o el «que venga la fiera que la estoy esperando»– frase que, con alto grado de sarcasmo, indica el poco respeto que el grupo profesa hacia la Policía Nacional Revolucionaria.

«La gente tiene miedo. Los vecinos se encierran en sus casas y que se caiga el mundo. Hay quien ha hecho una denuncia y, además de no suceder absolutamente nada, han recibido represalias. ¿Qué te da medida eso? Que la policía está en contubernio con esa banda de delincuentes que va a importunar en la esquina de 41 y 84-A. Eso sí, que alguien grite “Patria y Vida” para que veas que las patrullas aparecen enseguida El barrio nuestro se fue al diablo, hermano, y ni a la policía le interesa».

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