«GAESA» y las mulas

Los foráneos no sospechaban que la palabra «GAESA» nació de la mordaz ocurrencia de los habitantes de la pequeña isla. De esa manera la ciudadanía bautizó a los tres poderes del Estados– Ejecutivo, Legislativo y Judicial–, a los miembros del Buró Político, a los dirigentes sindicales…

-Por Gaznápiros, ceporros, imbéciles, idiotas…

-Por Abyectos, infames, miserable, odiosos…

-Por Embotados, ofuscados, mellados, atontados…

-Por Seniles, chochos, decadentes, cluecos…

-Por Atroces, bestiales, salvajes, inhumanos…

Los maldecidos hijos de… «GAESA» mantenían al territorio en constante sobresalto, fundamentalmente, por las disparatadas  y contradictorias decisiones que con frecuencia se daban a conocer en la gaceta oficial.

-¿Vuelven las mulas?– era la pregunta que, anonadados, muchos se formulaban.

Nadie podía entender la nueva disposición.

-¿De dónde vamos a sacar mulas?

Dos años antes «GAESA» decretó el desuso de los buenos, trabajadores e inteligentes animalitos.

«Nuestro gobierno, siempre atento a la necesidades de ustedes, abnegado y revolucionario pueblo, considera, en el uso de las facultades que nos están conferidas, que todo tipo de transporte de tracción animal está obsoleto y prohíbe, terminantemente y bajo cualquier circunstancia, acudir a este medio. Por una parte, entendemos que entre la población es muy popular el empleo de mulas, animales estériles devenidos del cruce entre yegua y burro, y que estas, durante décadas, han prestado un inigualable servicio siendo el soporte económico de la gran parte de los núcleos familiares de la isla, pero, al mismo tiempo, consideramos que es tiempo de dar un paso hacia el desarrollo; por tal motivo, y para beneplácito del territorio nacional, el país va a destinar recursos en la importación de vehículos. El mundo avanza y nosotros tenemos que avanzar con el mundo. Advertimos que caerá el peso de la ley revolucionaria sobre los que se nieguen en deshacerse de las mulas. Para ellos habrá penas carcelarias o multas, a definir, y ambas según el caso. El comandante Guillermo, con su experiencia, tiene información sobre la carne de mula y, adelantó, que es exquisita con limón, con limón que es la base de todo, la base de todo, la base de todo. En los días venideros estaremos informando sobre la implementación de tan importante medida».

-Yo vendí mi mula y gasté el dinero. Ahora no tengo ni mula ni dinero.

No hubo referéndum ni consulta popular.

La directriz de los necios de «GAESA», como otras tantas, se implantó a rajatabla y solo aumentó el índice de pobreza– incluso el de pobreza extrema: fueron afectados económicamente los propietarios de las mulas, los productores de alimentos para especies équidas, los laboratorios donde se elaboraban los fármacos recetados, a su vez, por médicos veterinarios… y, ¡lo más triste!, los tan cacareados vehículos nunca desembarcaron en la depauperada isla.

-¡Somos un país pobre y no nos podemos dar el lujo de invertir en la importación de vehículos!– exclamó durante una comparecencia pública el ingeniero líder de «GAESA»– ¡Somos un país pobre pero tenemos dignidad! ¡Somos capaces de resistir ante cualquier amenaza del enemigo! ¡No tenemos vehículos para todos, pero el gobierno está muy orgulloso de todos ustedes– y concluyó–: como el gobierno siempre está atento a las necesidades de la población les tiene una buena noticia: autorizamos nuevamente el uso de las mulas. ¡Qué vuelvan las tan queridas y necesarias mulas!

¡Increíble!

-No les queda otro remedio.

-Sí, no les queda otro remedio pero… ¿De dónde vamos a sacar las mulas si no tenemos ni para comer nosotros?

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