Caridad y Luberta, los culpables

Sí, ellos son los culpables.

Ellos, mis viejos, con su abnegación ante las labores radiales provocaron que trastocara una fugaz e intrascendente carrera militar por los avatares y arcanos de la realización radial.

Fueron ellos; sí, ellos por «empujarme», con alevosía y ensañamiento, hacia la magia de la simbiosis sonora.

¡Claro!

Solo ellos me inocularon «el bicho» de la radio, ese que carcome hasta convertirte– tal y como afirmara en una ocasión Enrique Ñúñez Rodríguez– en un mártir diario de la radio, donde las jornadas laborales tenía hora de inicio pero minuto de salida.

Obviamente, Caridad y Luberta son los culpables… porque de lo contrario yo nunca me hubiera convertido en un «Corresponsal Rapilisto» de Carmen Solar; ni tampoco aprendiz de efectista con Orlando Hernández Rivero, «Landy»; ni hubiese «tirado mis pasillos» bajo la égida de Eduardo León, Jorge Trilla y Rubén Cunningham en el Departamento Técnico; ni Enrique Domínguez Sosa se habría el tomado el trabajo de intentar comunicarse conmigo, una y otra vez, para decirme que «necesito que vayas por casa a estudiar porque ya vienen los exámenes de ingreso a la facultad»…

¿Se dan cuenta?

Por la voluntad espiritual de los autores de mis días, CMBF Radio Musical Nacional me dio la oportunidad del primer contrato laboral como realizador de sonido que tuve en mi existencia, «Estrellas y Antorchas» provocó mi desvelo en Radio Arte, y Radio Progreso se convirtió en un santuario.

Ellos fueron los culpables de que Ana Díaz Cubillas, «Pepito» Ciérvide, Reinaldo Suárez e Iván Pérez integren la lista de excelsos maestros que solo un alumno agradecido suele conservar en un lugar privilegiado del músculo cardíaco.

Este 22 de agosto de 2022 la radio en Cuba cumple sus primeros cien años e indefectiblemente pienso en ellos, en Caridad y Luberta, en mis viejucos adorados.

¡Cien años y ahí están los culpables, sin cargo de conciencia, de mis corretajes entre consolas mezcladoras, micrófonos, efectos de sonidos, transiciones musicales, fade out, fade in, cross fade, pasos que se alejan y puerta que se cierra en segundo plano…

Hoy, en otras tierras y alejado del medio donde me desarrollé profesional, experimento un sinigual orgullo porque la radio nunca se ha ido de mí, porque sigo siendo un hombre de radio.

Felicidades a la radio cubana en su centenario y un beso a Caridad y a Luberta, los culpables de ese amor incondicional.

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