«¿El mérito? ¡Es solo de Gorbachov!»

Mijail Gorbachov dejó de existir.

Murió una figura indiscutible que marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. Falleció quien hizo añicos la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y por tal motivo– en 1991–, puso fin a la Guerra Fría. Se produjo el deceso de «El químico»– así le decíamos en Cuba entre la veracidad, el sarcasmo y el agradecimiento–, porque, científicamente y con hechos, en apenas seis años (1985-1991), demostró que el sistema socialista no funciona ni en su propia cuna.

La noticia de su defunción, inobjetablemente, acaparó los titulares de los medios de prensa en el mundo, porque Mijail Gorbachov, desde este 30 de agosto, engrosa el listado de las personalidades que abandonaron el mundo terrenal en el octavo mes del año– también María de los Remedios de Escalada (esposa del general argentino José de San Martín), Diana Spencer (La Princesa Diana), Marilyn Monroe, el doctor Carlos Juan Finlay…

Mucho se puede hablar de Gorbachov– el último líder soviético, el presidente ateo que propició a doscientos noventa millones de sus compatriotas la libertad religiosa– y de su gestión, impregnada de luces y de sombras, como líder de la extinta URSS, pero traigo a colación una anécdota– prácticamente desconocida–, que exalta, como aclaré, su importancia en la historia de loa humanidad.

Leí– en el excelente libro «En el umbral de la eternidad» de Ken Follet– que un tiempo después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas conversaban dos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos sobre lo sucedido en «La patria de Lenin»; proceso que, aunque con un esperado final, había dejado boquiabierta a gran parte del mundo: no solo se cayó la URSS, sino que los países socialistas de Europa del Este también habían dado la espalda al socialismo– Cuba debió haber de tomado ejemplo– yendo por caminos sociales plurales y democráticos.

Según Follet la plática de los colegas estadounidenses concluyó, palabras más o palabras menos, de la siguiente manera:

-¿De quién crees que es el mérito de la desaparición soviética? ¿De Ronald Reagan o de George Bush? (Se refería a George Bush padre)

– Ni de uno ni del otro – ripostó el interlocutor – ¿El mérito? ¡Es solo de Gorbachov!

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s